Coche del día: Ford Mustang SVT Cobra R 2000

Coche del día: Ford Mustang SVT Cobra R 2000

Gracias a este coche, Ford pudo salvar su honor y recuperó el prestigio y el significado de la denominación Cobra


Tiempo de lectura: 6 min.

Durante la historia del Ford Mustang solamente se han fabricado 3 versiones con los apellidos Cobra R. Estas se caracterizaban por ser versiones radicales que podían ser disfrutadas tanto en la carretera como en el circuito, gracias a unas especificaciones técnicas mejoradas y un equipamiento carente de todo lo superfluo. La primera de ellas, basada en el Mustang de tercera generación, se lanzó en 1992 con un número de unidades de 107, mientras que las siguientes, basadas en el Mustang de cuarta generación, se lanzarían en 1995 (250 unidades) y en el año 2000 (300 unidades).

El lanzamiento del Mustang SVT Cobra R 2000 sirvió para enmendar la metedura de pata en la que se convirtió el lanzamiento de la versión Cobra (sin R) del año 1999. Perteneciente a las numerosas versiones del Mustang que mantenían el equipamiento interior y poseían cierto comportamiento deportivo en carretera, el Mustang Cobra de 1999 sembró el malestar entre los propietarios y la prensa especializada, al comprobarse que su potencia y sus prestaciones eran inferiores a las declaradas por la marca. Y eso que se puso especial énfasis en su comportamiento, al incorporar una suspensión trasera independiente, en sustitución del eje rígido. Como consecuencia del bajo rendimiento del motor, este vehículo se retiró del mercado y las unidades vendidas se sometieron a las modificaciones mecánicas necesarias como para llegar a conseguir los 320 CV prometidos. De este modo se evitaba las previsibles demandas de los clientes.

Estética funcional: Diseñado por y para la competición

El Mustang Cobra R era reconocible exteriormente, además de por su color rojo, por el espoiler desmontable del paragolpes delantero, por el elevado alerón trasero y por el abultado capó que cubría el voluminoso sistema de admisión del motor. Otro detalle diferenciador era su sistema de escape, cuyas salidas pasaron a ubicarse en los laterales (por delante de la rueda trasera) al instalarse un voluminoso depósito de combustible de competición de 80 litros. Por esta misma causa el paragolpes trasero provendría de la versión básica del Mustang, equipada con el motor V6, carente de las debidas aperturas que dejaban paso a las colas de escape.

Su chasis de tipo autoportante acogía una suspensión independiente delantera de tipo Macpherson, con el muelle en posición no coaxial con respecto a la columna y guiada inferiormente por un brazo transversal. El eje rígido trasero que montaba de serie se sustituyó por el sistema independiente montado en el Mustang Cobra del 99. Este se componía de un sistema de paralelogramo deformable de brazos transversales desiguales, montado en un subchasis tubular. En ambos trenes se montaban barras estabilizadoras y utilizaban componentes de marcas reconocidas como por ejemplo los amortiguadores Bilstein o los muelles Eibach, que rebajaban la altura del conjunto al suelo. El Equipo de frenos servoasistido, de sobrada eficiencia y progresividad, estaba compuesto por un juego de discos de frenos ventilados, siendo los delanteros de una medida de 330 mm de diámetro, mordidos por pinzas de freno Brembo de 4 pistones. La única ayuda a la conducción provenía del ABS.

Solo 300 unidades de puro músculo atmosférico; la prueba definitiva de que en el año 2000, Ford aún sabía fabricar leyendas

El corazón de la bestia: V8 de 5,4 litros

El corazón de esta bestia era un V8 atmosférico de 5,4 litros, con los bloques de cilindros construidos en fundición y las culatas en aluminio. En estas se alojaban el doble árbol de levas en cabeza, conectado con el cigüeñal de acero forjado a través de una cadena y encargado de accionar las 4 válvulas de cada cilindro. A esto se sumaba unas bielas también de acero forjado Carrillo y unos pistones de aluminio con los que se pudo elevar la relación de compresión hasta 9,6:1.

El estudiado sistema de admisión de baja restricción estaba conectado a un cuerpo de acelerador de alto flujo de 80 mm de diámetro y a un filtro de aire de alto rendimiento K&N. Todo este desarrollo técnico trajo consigo una potencia de unos 385 CV a 5.700 rpm y un par máximo de 522 Nm a 4.500 rpm, que se trasladaba al suelo a través de una caja de cambios manual de 6 velocidades Tremec T56. En resumidas cuentas, su velocidad máxima llegaba hasta los 275 km/h y su capacidad de aceleración en la prueba de 0-100 km/h no se quedaba muy lejos de la de un Ferrari Modena (4,6 segundos), marcando en el cronómetro unos 4,8 segundos.

Ford Mustang SVT Cobra R 2000

Habitáculo espartano y ahorro de peso

El habitáculo era prácticamente el del Mustang de serie y se podría decir que contaba con el equipamiento básico, como por ejemplo los elevalunas eléctricos, el volante regulable en altura, el cierre centralizado o los espejos eléctricos. Para rebajar el peso total del Cobra R hasta los 1.630 kg se prescindió de parte del material de aislamiento del habitáculo, del equipo de música, del aire acondicionado, del revestimiento del maletero e incluso del asiento trasero. La única concesión a la deportividad en el interior eran los asientos Recaro, de gran sujeción lateral y capaces de facilitar la instalación de unos arneses de 4 puntos.

Comportamiento dinámico: Un Mustang que sabía girar

Hasta entonces, este coche se convirtió en el mejor Ford Mustang de la historia de la marca americana por su buen comportamiento en carretera. Era un coche que se dejaba llevar sin grandes aptitudes al volante a pesar de prescindir de cualquier tipo de ayuda electrónica (control de tracción o de estabilidad), por lo que no necesitaba que en el puesto del piloto se sentara un apasionado del motor capaz de usar gasolina de 98 octanos como desodorante.

Gran parte de su buena estabilidad, que le confería un carácter neutro en curva con un ligero subviraje a la entrada, provenía de las bondades de la suspensión independiente de ambos ejes, de los 4 neumáticos de igual medida (265/40-18″) y del diferencial hidromecánico Gerodisc, sensible a la velocidad de giro y al par. Su asequible manejo, incluso a alta velocidad, era capaz de invitar al conductor a jugar con el tren trasero mediante los 400 Nm de par disponibles entre las 2.000 y 4.500 rpm y de no suponer ningún problema de control, gracias a la rápida dirección de solo 2,5 vueltas entre topes.

Puede que solo fuese un Mustang, pero su comportamiento y las 300 unidades producidas lo han convertido en una pieza de coleccionismo y de especulación. Con un precio de aproximadamente 55.000$, parecido al de un BMW M3 E46, muchos se habrían decantado por el segundo y no por el primero, pero el tiempo ha puesto al Cobra R en su lugar.

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Javier Gutierrez

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