Basado en títulos y pergaminos, solo una manera bastaría para presentarlo a quien jamás escuchó sobre él. El “coche japonés más bonito de todos los tiempos”. A lugar la decisión de Goodwood. Fuera de comparativas y selecciones de rankings, creo que hay varios Toyota 2000GT. Todo depende desde dónde se lo contemple si se tiene el efímero privilegio –a menos que seas un propietario– de que sea de apenas unos metros la distancia entre hombre y máquina, o de lo que dicte la toma, de la faceta que se defina en ella.
El lenguaje más monstruoso de su línea de cintura –si los ojos retráctiles se abren, el monstruo despierta– se expresa mejor que nunca en tres cuartos perfil; desde el ángulo semidorsal, las líneas que, como pocas, enamoran; desde el picado que lo captura de atrás, el perfecto cupé se manifiesta; de costado, quizás busque desafiar a algún americano. Casi como una visión del destino de este ejemplar.
Entre aficionados, diplomáticos y coleccionistas, este chasis, que no es cualquiera, fue y vino entre Norteamérica y Japón. Tras más de una década en manos de su sexto y actual dueño, busca ese séptimo dispuesto a pagar más de un millón de dólares. ¿Si lo vale? Es un Toyota 2000GT 1967, de altísima originalidad, uno de los primeros en salir de fábrica –el 18° en abandonar la cadena de producción–, uno de los 233 con volante a la derecha del total de 351 unidades y portador de un estado de vitrina.
Pero, aunque se haya exportado y luego vuelto a su tierra natal a principios de los años noventa, mucho se debe a quien lo recibió nuevo: entregado a mediados de 1967 en uno de los Toyota Store de Tokio creados para el lanzamiento del deportivo, el acabado exterior en Plata Trueno con que se había ordenado originalmente cambió a último momento al Blanco Pegasus que hoy conserva. No puedo evitar imaginar la dosis de chico malo que habría aportado esa pintura que no fue, pero su blanco no sustituye carácter por clase, sino que los pone a convivir y el contraste tiene bastante que ver.
Todo lo que aporte negro en este Toyota 2000GT 1967 pone las cosas en su lugar, ya que recuerda que el biplaza nació para hacerle un lugar a la ingeniería japonesa entre los deportivos europeos de su época. Eso me transmite cada sección azabache, incluyendo sus neumáticos y hasta la sombra espesa que asoma detrás de ventanas, luneta y parabrisas en sus poses de interiores de Colombo & Co., empresa que lo anuncia. Y ya que hablamos de interiores, el revestimiento en vinilo negro de su habitáculo es lo que más lo aleja de su potencial garantizado de exhibición y lo que más hace sonar su seis cilindros de dos litros.
He leído la reseña de los colegas de Classic Driver, que enfatizan en la irrupción del 2000GT para que los fabricantes occidentales miraran de reojo al sucesor del pionero, el Toyota Sport 800 y que se preguntan si hay alguien más en la sala que preferiría al japonés antes que a un Jaguar E-Type. El cuidado de sus paneles de madera empieza a responder y remata el volante de carreras Sparco, con el que al británico arranca ganándole el mano a mano antes de pisar a fondo en punto muerto. No teman: el volante original viaja como reliquia, o como esos trofeos para polemans, a salvo en el maletero.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.