Entre los seguidores del automovilismo estadounidense el Oldsmobile 88 quizás no sea uno de los automóviles más espectaculares, pero sin duda sí es uno de los más importantes para las grandes cifras de la producción en serie. No en vano, estamos hablando del que fue el modelo más lucrativo para la marca desde 1949 hasta 1999 a lo largo de nueve generaciones. Además, si nos ceñimos al ámbito de las carreras, cuenta con el honor de ser el ganador de la primera edición de la NASCAR precisamente durante el año en el que salió al mercado. Es decir, estamos hablando de un auténtico “ lobo con piel de cordero “ ya que bajo sus líneas se escondía un V8 más prestacional de lo que se pudiera presuponer.
Pero vayamos por partes. Para empezar, a este modelo se le puede presuponer un comportamiento tranquilo. Y, de hecho, en verdad no es un coche de carreras. Evidentemente. Menos aún en el sentido europeo. Sin embargo, se construyó sobre una de las plataformas más exitosas en toda la historia de General Motors. La A. No muy larga y, además, en el caso del 88 vestida por una carrocería relativamente ligera. De esta manera, sólo quedaba un buen motor de cara a convertir este coche en una máquina bastante efectiva en los óvalos de los Estados Unidos.
Algo que llegó gracias a su Rocket V8 de cinco litros. Un bloque diseñado desde cero y que, a todas luces, sobrepasaba al seis cilindros en línea del Serie 70. De hecho, su potencia en las versiones de calle quedaba en unos 135 CV. Razón por la cual algunos aficionados consideran a este modelo de 1949 como el antecedente para no pocos de los muscle car que vendrían detrás, poniendo altas dosis de potencia – especialmente en materia de aceleración – al alcance de tipo tipo de conductores. Además, en 1950 quedó ganador de la Panamericana. Otro hito para comprender las razones del porqué se convirtió en todo un icono automovilístico especialmente deseado por los jóvenes y los conductores más briosos.
De las diez carreras de aquella primera temporada en estas series Stricly Stock se hizo con un total de ocho
Oldsmobile 88, el primer ganador de la NASCAR
Las diferencias entre cómo se entiende la deportividad a uno y otro lado del Atlántico son obvias. Debido a esto, mientras en Europa se ha priorizado el peso, el paso por curva y el comportamiento dinámico, en los Estados Unidos lo que más ha contado ha sido la pura entrega de potencia. Y además desde muy bajas vueltas. Gracias a ello, las carreras de aceleración así como diversas formas de ejercer altas velocidades puntas han sido la inspiración en eventos como la NASCAR.
Nacida a partir de circuitos en forma de óvalo donde las habilidades necesarias a la hora de enlazar curvas reviradas pasaban a un segundo plano frente a la necesaria concentración que hay que tener a muy altas velocidades, más aún con adelantamientos constantes y toques más que probables. De esta manera, el motor Rocket fue una fantástica opción gracias al poderoso par de sus cinco litros con hasta 373 Nm en sus variantes más afinadas.
Obviamente, esto produjo serios problemas en las transmisiones, las cuales se veían forzadas a esfuerzos muy intensos en las aceleraciones desde parado. Debido a ello, Oldsmobile sólo ofreció una automática durante el primer año del 88, echando mano en 1950 de una manual procedente de las exclusivas gamas de Cadillac.
Gracias a un su gran par motor, era estupendo en las aceleraciones desde parado, entregando una gran potencia desde el primer momento
Curiosamente, la transmisión automática de los primeros Oldsmobile 88 fue clave para entender su victoria en la NASCAR pues, no en vano, ésta la logró Robert Byron. Uno de los conductores más afamados en carreras de turismos como ésta. Es más, la principal característica de estas series Strictly Stock es que debía correrse con modelos de serie, modificados sólo en algunos detalles cuando hablamos de las primeras temporadas. Y es que arrastraba una lesión en sus piernas tras haber sufrido un accidente durante la Segunda Guerra Mundial.
Miguel Sánchez
Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.COMENTARIOS