El mito de la caja de cambios “dogleg”

El mito de la caja de cambios “dogleg”

Desarrollada para facilitar su uso en conducción deportiva, esta transmisión ocupa un lugar especial en el corazón de todo amante del automóvil


Tiempo de lectura: 10 min.

La caja de cambios dogleg ha alcanzado el estatus de mito en tiempos recientes. Fue utilizada en diversos modelos durante del siglo pasado, y algunos de estos vehículos que la equipaban son hoy altamente considerados debido a esta especial disposición de las marchas en sus cajas de cambios.

La particularidad de este tipo de cajas de cambios reside en que la primera marcha no se sitúa hacia adelante y a la izquierda, como es habitual. En el caso de una caja de cambios dogleg, esta primera velocidad se sitúa hacia atrás y a la izquierda, en la posición en la que habitualmente encontraríamos la inserción para la segunda velocidad. Así, la marcha atrás ocupa, en este caso, la posición normalmente reservada para la primera velocidad.

Este apelativo dogleg, literalmente “pata de perro” en inglés, procede de esta disposición especial de la primera marcha. Observado desde arriba, el movimiento que el conductor debe realizar para insertar esta primera velocidad se asemeja a la forma de las extremidades traseras de un can. Es un término que, en Reino Unido, se utiliza también para hacer referencia a los hoyos en los campos de golf en cuyo recorrido se encuentra un codo de ángulo muy agudo. También se utiliza para referirse a una curva pronunciada.

La caja de cambios dogleg se caracteriza por situar la primera marcha hacia la izquierda y hacia atrás, con el fin de ofrecer un posicionamiento de las marchas que permita realizar las transiciones entre segunda y tercera con más agilidad que en un cambio manual convencional

Caja de cambios dogleg 01

El circuito como hábitat natural

Las ventajas relacionadas con esta diferente disposición de las marchas se entienden en el contexto de una conducción deportiva, y desaparecen si nuestro enfoque se centra en un uso más de diario, especialmente si se trata de una conducción urbana. Con la primera “separada” del resto, la segunda y la tercera velocidades quedan enfrentadas –al igual que cuarta y quinta–, por lo que se facilitan las operaciones de cambio entre estas, las más utilizadas durante una conducción en circuito, o deportiva. En estas situaciones, la primera marcha es necesaria solo para iniciar el movimiento.

No es así al realizar una conducción en ciudad, donde las situaciones en las que se debe detener la marcha son muy numerosas. Por tanto, no tendría sentido dificultar la maniobra de arranque para un coche fundamentalmente destinado a este tipo de uso. Es de agradecer que la primera y la segunda se encuentren enfrentadas en este caso, por motivos opuestos a los expuestos anteriormente al hablar de una conducción deportiva, la razón de ser de la implementación de este esquema en primera instancia.

Con el tiempo, y la llegada de las cajas de cambios de seis marchas, primero, y los cambios automáticos, hegemónicos en la actualidad –sobre todo en vehículos deportivos–, después, esta disposición ha quedado en desuso. En el caso de que se trate de una transmisión de seis velocidades, se puede entender que un número par de marchas haga más difícil la puesta en práctica de esta configuración, ya que al llevar la primera marcha fuera del patrón en H, también dejaría a la sexta velocidad en una posición apartada, que haría más difícil la transición entre quinta y sexta.

Pero, aun así, si tomamos una perspectiva de nuevo centrada en la conducción deportiva o de circuito, continúa siendo, en principio, un esquema más favorable para los cambios entre las marchas más utilizadas en estos casos. La primera, como hemos dicho, no debería engranarse de nuevo una vez iniciada la marcha, y la sexta está destinada más a una conducción en autopista, o a seleccionarse en momentos muy puntuales en una carrera.

La proliferación de las cajas de cambios de seis marchas, que dificultan esta disposición, así como la aparición de las transmisiones automáticas y secuenciales, provocaron que el interés por este tipo de caja de cambios dogleg decayera

Caja de cambios dogleg Aston Martin Vantage AMR

¿Y qué pasa cuando el número de marchas continúa creciendo y vuelve a ser impar? Pues que, como Aston Martin sabe, esta configuración con la primera marcha hacia la izquierda y hacia atrás vuelve a ser de nuevo interesante. Uno de los últimos vehículos en equipar una caja de cambios manual tipo dogleg ha sido el Aston Martin Vantage AMR de 2019. No se puede entender esta decisión como consecuencia de querer optimizar el rendimiento de este modelo en condiciones de conducción deportiva gracias a situar la primera marcha en esta diferente posición. Más bien se trata de una maniobra que procura incrementar el encanto y atractivo de un vehículo de lujo producido en limitadísima tirada, al presentarlo como más orientado a los más puristas –aunque después contase con un sistema de punta-tacón automático–. Por cierto, Pagani presentará en los próximos días un nuevo superdeportivo, que se dice que montará asimismo una caja de cambios manual de siete velocidades con esta disposición.

Ahora bien, aunque la implicación del conductor sea siempre menos cuando se utiliza una caja de cambios automática y se carece de un tercer pedal, en términos de rendimiento y de velocidad operacional de cada cambio de marcha no hay comparación posible. Es por esto que, una vez desaparecida su ventaja respecto de las transmisiones de disposición convencional debido a la llegada de una nueva tecnología, la disposición dogleg pasó a un segundo plano. Pero solo en cuanto a la necesidad de los fabricantes por incorporarla en sus productos, puesto que, con su caída en desgracia en este sentido, llegó probablemente su ascenso a la condición de mito del automovilismo.

El peligro de equivocar el sentido

Otra de las razones que podrían haber provocado un descenso de su popularidad hasta su práctica desaparición es su relativa inseguridad. Entiéndaseme, ¿quién no recuerda a James May equivocándose repetidamente al tratar de emprender la marcha con su Mercedes-Benz 190 E 2.3 16 Cosworth en un famoso capítulo de Top Gear? Más allá de que hubiera algo de verdad en estas situaciones mostradas en el a menudo artificioso show británico, todos sabemos que Pere Navarro estaría intranquilo si las cajas de cambios dogleg se hicieran más populares en nuestras calles.

Mercedes-Benz 190 E 2.3 16

Para cualquier conductor acostumbrado a una disposición en H convencional, que ha interiorizado completamente los movimientos relacionados con la conducción, sentarse repentinamente en un vehículo equipado con una de estas cajas de cambios de disposición diferente, parece sinónimo de que un error está por llegar más pronto que tarde. Y no solo pienso en que se introduzca la marcha atrás en vez de la primera, y se arranque en sentido contrario al esperado, sino también en que la marcha atrás puede estar demasiado cerca de donde se busca engranar la segunda, y nadie quiere encontrarla en plena aceleración desde primera velocidad, ¿verdad? Hace unos días, de hecho, uno de mis compañeros os ofreció un artículo en el que se recogía que un Ferrari F40 muy especial, con esta disposición en su cambio de marchas, contaba con una trampilla de protección para evitar tan desagradable error.

Una larga e ilustre lista de ejemplos

La lista de vehículos que han incorporado una de estas cajas de cambios a lo largo de la historia de la automoción es extensa. Ya hemos mencionado ejemplos recientes, como la versión especial del Aston Martin Vantage AMR con una caja de cambios manual de siete velocidades y disposición de tipo dogleg, y posibles iteraciones futuras, a la espera de confirmar los rumores, como es el caso del nuevo superdeportivo de Pagani que está por llegar.

Otros modelos son muy conocidos, y altamente valorados por los petrolheads de todo el globo. Es el caso, por ejemplo, del BMW M3 E30, que incorporaba esta caja de cambios en su versión europea, no así en la estadounidense; o el Mercedes-Benz 190 E 2.3 16 Cosworth que apuntábamos más arriba al hilo de su aparición en Top Gear.

En ambos casos, su transmisión estaba firmada por Getrag, fabricante alemán de cajas de cambios y otros componentes de trenes de transmisión de relevancia histórica, que actualmente se encuentra integrado en Magna International, uno de los mayores proveedores mundiales de la industria del automóvil. Los modelos de ambos fabricantes alemanes incorporaban la caja de cambios Getrag 265, con la quinta marcha directa –desarrollo 1:1–, y esta disposición dogleg. Fueron hasta 22.000 los ejemplos de este tipo de caja de cambios instalados en vehículos de ambas marcas entre los años 1979 y 1993.

BMW M3 E30

Otros vehículos equipados con este tipo de caja de cambios en formato dogleg fueron los Porsche 911 fabricados hasta 1972, cuando se incorporó una caja de cambios de cinco velocidades, con la quinta situada en su posición convencional arriba a la derecha. Una de las razones para esta nueva disposición, según alegó Porsche en su día, fue que el aumento de potencia de su motor implicaba una menos frecuente necesidad de utilizar el cambio de marchas, por lo que ya no era necesario tratar de buscar una optimización de los movimientos requeridos para estos procedimientos.

Es curioso ver que las mismas ventajas que una caja de cambios tipo dogleg ofrece dentro del circuito, son aprovechadas también por vehículos que en principio no están diseñados para este tipo de conducción, como los camiones, que también incorporan disposiciones similares de sus marchas, aunque sus transmisiones sean bastante diferentes a las de un automóvil convencional, y difícilmente comparables

También fuera de las fronteras alemanas se recurría a transmisiones con esta disposición. Vehículos como el Lamborghini Countach, o el Ferrari Testarossa, también incorporaron cajas de cambios tipo dogleg, así como el Lancia Stratos. Fuera del continente europeo, algunos Subaru y Toyota también recurrieron a una transmisión que situaba esta primera marcha en una posición menos habitual, así como el afamado Ford GT40. Podríamos seguir mencionando ejemplos de esta larga lista, conformada fundamentalmente por modelos que fueron lanzados durante la década de los años ochenta del siglo pasado.

Y no solo es propia de automóviles deportivos. De hecho, esta configuración que separa la primera marcha del resto, para situar a estas últimas en parejas enfrentadas, es común en vehículos pesados, como camiones. Se puede entender fácilmente, puesto que, en este tipo de aparatos, vuelve a ser ventajoso que la primera marcha, apenas utilizada debido a los desarrollos tan cortos que incorporan –además de un número de marchas mucho mayor–, que permiten iniciar la marcha en segunda velocidad en la mayor parte de las ocasiones. Así que, si quieres ponerte a los mandos de un vehículo e introducir la primera hacia atrás, quizá sea más probable que puedas acceder a un camión que a un BMW M3 E30, más aún con su cotización actual.

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David García

No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

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Daniel
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Daniel

Los Nissan Patrol básicos, con motor A4.28 derivado de Perkins, también tenían cambio dogleg.


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