De crímenes al volante y castigos

De crímenes al volante y castigos

Una reflexión acerca de las penas de prisión por atentar contra la seguridad vial


Tiempo de lectura: 6 min.

El pasado domingo 16 se emitió en La Sexta un programa bastante valiente y controvertido, “Lo de Évole”, en el que el conocido periodista entrevistó a personas que han dado con sus huesos en la cárcel por cometer delitos, en esta ocasión contra la seguridad vial. Es la cara “B” de una realidad incómoda, hay 1.331 encarcelados por ese tipo de delitos (a fecha de diciembre), de los cuales 1.294 son hombres y 37 son mujeres.

Desde que algunas conductas al volante se convirtieron en delito, gente de muy distinta condición ha acabado pisando la cárcel por conducir a velocidades excesivas (reiteradamente), conducir bajo una influencia notable del alcohol o las drogas, no haber obtenido permiso de circulación o haberlo perdido antes, etc. Hablamos de conductas muy graves, no de simples travesuras.

Afortunadamente, no se han cumplido las apocalípticas previsiones de Automovilistas Europeos Asociados (AEA), que en un estudio de 2007 calculó que 50.000 personas acabarían en las cárceles por delitos contra la seguridad vial. En la práctica, no todas las sentencias por delitos acaban en ingreso en prisión, se tienen en cuenta más factores, como la reincidencia o estar limpio de antecedentes.

¿Cómo es el típico infractor que acaba en la cárcel? Podemos pensar en personas malvadas, con un gran desprecio por la vida ajena, o en monstruos, pero a veces la realidad no es tan simple. En el programa “Lo de Évole” no se vieron precisamente monstruos, eso sí, reconocían que habían jorobado su vida, la de sus allegados, y lógicamente, la de sus víctimas.

Uno de los momentos más potentes del programa fue el testimonio de un padre que relataba a otros conductores en una charla lo que había representado para él perder a su hijo de 20 años por culpa de un conductor de furgoneta que había dado positivo por drogas. Es un alegato contra la violencia vial, que muchas veces no era intención del ejecutor; es decir, no hubo dolo.

Lo hemos visto en multitud de ocasiones. Gente aparentemente normal, con vidas como la tuya y la mía, se convierten en delincuentes por un gravísimo error. Unas copas de más, cansancio, una distracción, una imprudencia que se relativiza… y ¡zas! Una desgracia provocada. Consecuencias irreparables. Imposibilidad de volver atrás. Sin una segunda oportunidad, ni para él, ni para las víctimas.

Uno de los entrevistados en el programa, Hansj, atropelló a un policía que “no había visto” en las inmediaciones de un control de alcoholemia, arrojando una tasa de 0,96 (una borrachera de libro). Vemos a una persona que es consciente de lo que ha hecho. Fue sentenciado a tres años. ¿Es mucho o es poco por segar una vida?

Permitidme un pequeño inciso, vámonos a Moers, una población cerca de Duisburgo (Alemania). En abril de 2019 dos conductores participaron en una “carrera ilegal” en una zona residencial con coches de gran potencia -las fuentes hablan de 600 CV-, un kosovar y un alemán. El kosovar invadió el carril contrario y colisionó por alcance contra un Citroën Saxo que acababa de incorporarse, en el que iba una mujer de 43 años. Habían superado los 160 km/h.

Siniestro vial Moers abril 2019

Así quedó el coche de la víctima, una mujer de 43 años – Fotografía: Policía de Duisburgo

Ella murió a consecuencia de las heridas al tercer día. Esta semana hemos conocido la sentencia de la corte regional de Kleve. El juez calificó los hechos como de asesinato, y el kosovar, ahora con 22 años de edad, fue sentenciado a cadena perpetua. En su alegato final, el reo dijo que estaba profundamente arrepentido, que quería volver atrás y deshacer el daño, pero que no puede. Admitió ser consciente del riesgo que implicaba la “carrerita” antes del accidente (mejor dicho, siniestro vial).

Dejo a criterio del lector considerar si es exagerado que una persona pase el resto de su vida en prisión por cometer un error capital, o si son suficientes tres años, o si simplemente basta con que se reconozca la gravedad del delito y se pida perdón a las víctimas. No quiero entrar en ese jardín, prefiero dejar las cuestiones de derecho a los juristas. Por cierto, el otro participante en la “carrerita” fue sentenciado a tres años y nueve meses de cárcel.

Ciertamente no hay arrepentimiento tan grande que sea capaz de deshacer un daño tan tremendo. A veces, la peor de las condenas es haber sobrevivido a un accidente que el reo ha provocado, y que este último llega a preferir haber intercambiado su vida por la de su víctima. Eso puede acabar haciendo más que la mera privación de libertad.

Volviendo al programa de Évole, considero que ha sido un programa necesario. En él se ve que un delincuente vial no siempre lo es por maldad ni ganas de hacer daño, suele ser una mezcla de una grave imprudencia aderezada con una banalización de su conducta. En un lenguaje más sencillo, que pensaron que no iba a pasar nada, que no estaban tan mal, que esas cosas les pasan a otros, etc. Eso sí, como bien dice el periodista de motor -y buen amigo- Josep Camós, hay gente que se busca más los problemas que quienes cumplen con las reglas de la sociedad: “no es que una persona cualquiera la pueda liar y se vaya directa al trullo. Es que cuando uno la lía de manera reiterada acaba entre rejas.” (ver hilo en Twitter).

Hay unas palabras que alguien me dijo una vez y que considero perfectas para la ocasión: “la vida mancha”. Quienes cargan con un muerto sobre sus conciencias se han manchado a base de bien. Quizás este programa ayude a limpiar alguna conciencia y a que alguna persona, en algún momento, se dé cuenta que las consecuencias de sus malas acciones pueden ser peor de las que calcula, y se abstenga de conducir. Igual así se salva alguna vida.

En algunos casos los delincuentes solo han tenido que pagar una multa, gastarse un dineral en el proceso judicial y abogado, estar una temporada sin carné y pagar un curso de recuperación de puntos. Estos delincuentes pueden hasta considerarse afortunados, ya que el daño a la sociedad es reparable económicamente y solo ha sido material. Si, además, consideran que han aprendido de su error y no lo vuelven a cometer, olé, el sistema ha funcionado.

Mucho me temo que ni aplicando políticas en las que el homicidio al volante acabe derivando en prisión permanente revisable -en el sistema penal español no existe la cadena perpetua, ni cubierta ni encubierta- se acabaría este problema. Si un potencial homicida no sabe que lo es, ni considera que eso va con él, no servirá de nada. Por eso es importante concienciar, para que al menos se les pase por la cabeza que podría ocurrirles a ellos.

Si te lo perdiste, puedes verlo en la plataforma ATRESplayer, eso sí, ármate de paciencia. Fragmentos muy significativos se pueden ver también en la web de La Sexta. No tienen desperdicio alguno.

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Sobre mí

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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