Coche del día: Mitsubishi Space Runner 2.0 16v

Coche del día: Mitsubishi Space Runner 2.0 16v

El hermano que llegó de rebote


Tiempo de lectura: 4 min.

La gama que Mitsubishi vende en nuestro mercado en la actualidad está compuesta por siete modelos, de los cuales tres son SUV. Si tenemos en cuenta que los otros cuatro son los minoritarios i-Miev y Space Star, el incombustible Montero y el pick-up L200, su catálogo nos dice mucho de cómo están las cosas en el viejo continente.

Pero esto no siempre ha sido así, y hace apenas unos años -a principios de siglo-, su gama era bien distinta, pues en aquel momento estaba repleta de… monovolúmenes. Eso es, una moda por otra. Cuando salió a la venta el Space Runner que nos ocupa, la firma de los tres diamantes contaba en su cartera con el Space Star por abajo (nótese la coincidencia en nombre con el utilitario actual) y el Space Wagon por arriba, acompañados hasta hacía bien poco por un cuarto modelo, el Space Gear con aptitudes offroad.

Con sus 4,29 metros de largo, la segunda generación del Space Runner se colocaba de pleno en el segmento de los monovolúmenes compactos donde reinaban ya coches como el Citroën Xsara Picasso, Opel Zafira o Renault Mégane Scénic. Frente a los modelos más tradicionales tanto de la categoría como sus hermanos, pues el Space Star era más bien sosillo, el Space Runner se diferenciaba claramente por el hecho de contar con una única puerta lateral deslizante. El Hyundai Veloster no inventó la asimetría lateral.

Mitsubishi Space Runner 5

Ese detalle condicionaba de alguna manera su estética, ya de por sí peculiar por sus proporciones, puesto que su altura y anchura eran muy similares (1,68 y 1,70 respectivamente) así como su corta distancia entre ejes de 2,55 metros. Parte de culpa la tenía un capó alargado y más plano que sus rivales, y prueba de ello era además su pilar A equiparable al de cualquier turismo normal, y no con esos pequeños cristalitos de poca visibilidad que sí tenían la mayoría de monovolúmenes.

Otra particularidad residía en su motor, y no porque este fuese peculiar en su concepción, ya que además no se recurrió a la tecnología GDi de inyección directa que usaba Mitsubishi en otros modelos. Se optó, por tanto, por un clásico 2.0 litros de 16 válvulas de gasolina, y aquí radica su singularidad al adentrarse en un segmento donde el diésel reinaba sin ningún pudor. Cierto es que por entonces Mitsubushi no contaba con motores de gasóleo propios (en turismos) y el Carisma era el único beneficiado de su alianza con Renault de la que luego se servirían para motorizar al Space Star.

El caso es que por todas estas nimiedades, el Space Runner estaba llamado a ser un modelo minoritario al igual que lo había sido la generación anterior, toda una rareza en nuestras carreteras. Sus bazas se encontraban en una habitabilidad más que correcta en todas sus cotas, aunque no contaba con tres asientos traseros individuales, sino dos en proporción 50:50 que dificultaban las cosas al quinto ocupante, pero que se podían abatir y desmontar. Por su parte, la capacidad de su maletero estaba declarada en 430 litros, pero sus formas no resultaban demasiado aprovechables a causa de unos pasos de rueda muy intrusivos.

El conductor se enfrentaba a una postura de conducción con luces y sombras. Por un lado, a la posición alta de por sí típica de los monovolúmenes se le unía un volante situado muy abajo, lo cual no resultaba demasiado cómodo para todas las tallas. Lo bueno era que la palanca de cambios en el salpicadero quedaba muy a mano para su manejo en un emplazamiento muy cómodo. La visibilidad era también muy buena por lo que comentaba del pilar A y por unos retrovisores enormes que desentonaban estéticamente, pero que al menos cumplían bien su función (Opel no podía decir lo mismo de su Zafira, por ejemplo). Interior sobrio típico de coches japoneses, pero de buena ejecución y que contrastaba con el colorido jaspeado de la tapicería.

El nivel de equipamiento era normalito, sin lujos pero sin grandes carencias para lo que se estilaba en su época en ese nivel de precios

Asociado a una transmisión manual de cinco velocidades, el bloque 2.0 ofrecía 133 CV suficientes para mover al Space Runner con soltura. Declaraba 185 km/h de velocidad máxima y un 0 a 100 en 11 segundos. No resultaban cifras brillantes como tampoco lo eran las de los consumos, pero el motor destacaba por su entrega lineal de potencia a cualquier régimen, así como su elasticidad, por lo que apurando marchas se le podía sacar algo de juego sin perder de vista sus dimensiones o su peso, pues tampoco era de los ligeros del segmento.

Al igual que ocurre actualmente con la moda SUV, y ese intento que Mitsubishi ha hecho con el Eclipse Cross para diferenciarse de sus rivales, cuando eran los monovolúmenes los que manejaban el cotarro, al menos era de alabar el ofrecer modelos singulares para los que tuvieran necesidades de espacio y no quisieran verse sentados al volante del mismo coche que el vecino.

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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