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Coche del día: Galloper Innovation 3.0 V6

Un motor de fábula

Coche del día: Galloper Innovation 3.0 V6

Por mucho que actualmente la gasolina vuelva a estar de moda, pensar en un vehículo como el Galloper Innovation resulta a todas luces inviable. No sólo porque las normas anticontaminación capen las variantes más prestacionales de simples compactos o berlinas, sino porque además los 4×4 puros están de capa caída, y más aún en las poco prácticas versiones de tres puertas.

Parece un poco sinsentido ahora, e incluso lo fue en su día cuando a la marca coreana le había dado a finales de los 90 por rebautizar los viejos Mitsubishi Montero con el objetivo de ofrecer un 4×4 de precio accesible. Los diésel no se vendían mal, por lo que apostaron por la alternativa de gasolina y aprovecharon entonces para decorar la carrocería corta del Exceed dotándola de una imagen agresiva gracias a los paragolpes sobredimensionados o las aletas súper ensanchadas.

La silueta se coronaba con un aparatoso alerón en el mismo color que el resto del coche o la poco funcional, pero atractiva cubierta de la rueda de repuesto colgada del portón. Impactante al menos sí que era.

Galloper Innovation V6 Wagon

Galloper Innovation V6 Wagon Fotografía: Rudolf Stricker (Wikimedia Commons) CC BY-SA 3.0

Bajo el capó montaron un V6 de tres litros y origen Mitsubishi que prometía 161 CV, capaces de lanzarlo a los 171 km/h y mover su masa de casi dos toneladas desde parado hasta 100 km/h en algo más de 14 segundos. Domarlos no era fácil debido al delicado comportamiento que proporcionaba su tracción trasera que los transmitía al suelo a través de unos enormes neumáticos en medida 275/60 con llantas de 15 pulgadas. Las pérdidas de motricidad en mojado y la corta distancia entre ejes hacían el resto.

Su habitáculo era mucho menos espectacular, similar a los Exceed ya conocidos salvo por unas inserciones con efecto fibra de carbono en las puertas que chocaban con el resto del diseño interior y el característico tapizado noventero de los coches orientales. Nada de asientos deportivos, sino unos butacones cómodos y blanditos más confortables que efectivos.

Ello no implicaba que se hubiesen inclinado hacia el lujo, pues los Galloper en general eran más conocidos por su planteamiento de coche económico que por unas calidades al gusto europeo. Por citar un ejemplo, carecía de airbag para el acompañante. El precio debía ser entonces otro de sus reclamos, consiguiendo ajustarlo a poco más de 22.000 euros de entonces (3.750.000 pesetas), lo que costaba un Mitsubishi Montero TD de 99 CV.

Ni éste ni ningún otro modelo eran comparables al Innovation, ni por relación potencia/precio ni por su planteamiento casi radical que le alejaba de senderos trillados… Literalmente.

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Sobre mí

Ángel Martínez

Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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Samuel
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Samuel

Un gran coche, no tenía la calidad del Mitsubishi del que deriva, pero era una buena opción para hacer todoterreno, y en esta versión ya no falta potencia

Txesz
Invitado
Txesz

Tenía su cosa, pero quedaba bastante macarra. Daba la impresión de ser un tuneado barato copiando (o intentándolo) la imagen del Pajero Evolution.

Su punto más débil, el consumo de combustible. Alto a ritmo normal y muy alto en cuanto se engranase la reductora.

Jacobo Martínez
Invitado
Jacobo Martínez

Las llantas rojas no le hacen justicia, pero en general la imagen a mí me gusta


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Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.