Coche del dia: Bristol Fighter

Coche del dia: Bristol Fighter

Artesanía británica en forma de deportivo


Tiempo de lectura: 8 min.

Si hablamos de marcas de automóviles sin parangón, quizas Bristol con su deportivo el Fighter, sea de las más peculiares que podíamos encontrar, ya sea porque se sirvió en tres versiones distintas, su forma de fabricarlo o porque la marca británica no dispuso de ningún distribuidor a lo largo y ancho del globo. Quien quiso uno de sus deportivos debió comprarlo directamente a fábrica.

Quizás esto a mucha gente no le resulte extraño, pero tal y como se ha ido montando el sistema en el que actualmente vivimos y en el que la publicidad (algo de lo que prescinde totalmente la marca) y una buena cadena de distribución son parte casi esencial de la comercialización de algo. Para la empresa británica era algo prescindible y que no desearon poner en funcionamiento. Sus razones tendrían. Ni siquiera ofrecieron unidades de pruebas a la prensa o a clientes (primero se pagaba, se compraba, y luego se probaba).

Así que nos encontramos ante una marca fundada en 1945 y perteneciente al grupo empresarial aeronáutico BAC, Bristol Aeroplane Company, fundado en 1910, con costumbres peculiares y que además fabricaba uno de los deportivos más apasionantes y exclusivos que uno podía adquirir, además de ser indudablemente un coche con una personalidad inconfundible y por supuesto al alcance de muy pocos afortunados.

Bristol Fighter 2

El Bristol Fighter empezó construyéndose en el año 2003, aunque ya en 2001 presentaron los primeros bocetos, bajo encargo y con muy pocas unidades producidas anualmente, unas 20 como mucho, entre otras cosas porque se ensamblaba de una manera totalmente artesanal. Además, y excluyendo al propulsor, la misma empresa fabricaba la mayoría de piezas que van montadas en este automóvil u otros que se han producido con anterioridad, algo que demuestra el gran esfuerzo que hace Bristol en su labor.

El Bristol Fighter disponía de tres versiones distintas, con potencias que oscilan entre los 525 CV y los 1.026 CV

Pero volviendo a su concepción, según la propia marca y haciendo referencia a su diseño, “La creación es de un ingeniero, y no la de un diseñador”, haciendo patente que centraron todos sus esfuerzos en crear un automóvil efectivo, y prueba de ello es su trabajado Cx de solo 0,28. El mencionado ingeniero es Max Boxstrom, también participe en el equipo de carreras de Brabham y Aston Martin, entre otros proyectos.

A partir de aquí nos encontramos con un automóvil que puede gustar más o menos estéticamente, pero que su efectividad queda fuera de toda duda. Cuenta con unas prestaciones de infarto, consiguiendo alcanzar una velocidad punta de 338 km/h y una aceleración de 0 a 100 km/h en menos de 4 segundos.

Bristol Fighter 3

Buena culpa de ello la tiene el bloque empleado para propulsar al deportivo británico, proveniente del excelso Dodge Viper RT/10, un V10 de 7.996 cc retocado por la marca a conciencia y capaz de generar una potencia de nada menos que 525 CV a 5.600 RPM, que llega hasta los 660 CV en el Fighter S, gracias a modificaciones hechas en el propulsor y un sistema de refrigeración por aire forzado, al más puro estilo RAM Air de Kawasaki. Todo ello queda asociado a un cambio manual de seis relaciones o automático de cuatro, que manda la potencia al eje trasero.

Si esto te parece poco y destinado a una minoría, tenían una tercera opción a la que añadieron doble turbocompresor, intercooler y diferentes modificaciones sobre el V10 para llegar a los 1.026 CV de potencia, con un par de 1.405 Nm a 4.500 RPM, algo simplemente bestial y difícil de gestionar sin tener todos los controles de los que contaba el Fighter T encendidos. Esta bestia declaraba una velocidad autolimitada de 362 km/h y según la propia marca en el 2006, año en el que se ofreció al mercado, era capaz de llegar a los 430 km/h.

Portando en sus entrañas el descomunal bloque V10 del Viper, este fue retocado para pasar de los 450 CV de la versión del muscle car yankee a los 525 CV de la versión estándar del Bristol

Dejando atrás las mareantes cifras de las prestaciones de este exótico deportivo, hay otras muchas cosas por las que si la economía permitía, al menos, desembolsar lo que costaba la versión estándar, te haría el feliz propietario de uno de los deportivos  más inigualables y personales de la era inmediatamente anterior a la invasión de coches eléctricos de altas prestaciones.

Bristol Fighter 4

Con carrocería coupé y dos plazas en su interior, lo primero que llama la atención en este GT es la apertura de sus puertas tipo ala de gaviota, como el mítico Mercedes-Benz 300 SL (W198). Estas, fabricadas en fibra de carbono -al igual que el portón trasero-, hacen una idea de la calidad empleada en el Fighter. El resto de la carrocería está ensamblada con paneles de aluminio moldeados y adaptados por Bristol.

Con unas cotas finales de 4.420 mm de longitud total, cuenta con una distancia entre ejes de 2.750 mm. La anchura máxima es de 1.795 mm y la altura total de 1.345 mm, y arroja sobre la báscula un peso total de 1.540 kilogramos. Consigue una relación de peso/potencia de 340 CV por tonelada en su versión básica, doblando prácticamente este dato en el temerario Fighter T.

En cuanto a la parte dinámica y los componentes que la forman en este artefacto inglés en forma de bólido de carreras, contamos con un chasis de acero que además dispone de una jaula completa fabricado en secciones de tubo del mismo material siendo la distribución de pesos final del 48 % en la parte delantera y el 52 % en trasera.

Uno de los elementos que más destaca en el Fighter son la apertura de sus puertas fabricadas en fibra de carbono, al más puro estilo del 300 SL de Mercedes-Benz con el mecanismo tipo “alas de gaviota”

En la versión estándar contamos con unas llantas en 18 pulgadas calzadas con neumáticos 285/40 ZR18 y a las cuales tenemos anclados discos de 343 mm, tanto delante como detrás, con pinzas de seis pistones en el frontal y de cuatro en la zaga. La suspensión es de doble triángulo en ambos ejes y cuenta con amortiguadores independientes y muelles helicoidales en todos sus extremos, garantizando estabilidad y confort a partes iguales.

Si esto que Bristol nos ofrecía en su versión de entrada nos sabe a poco, siempre podíamos adquirir un Bristol Fighter S y un par de paquetes deportivos opcionales y específicos, denominados R o C, con los que aderezar aún más nuestra unidad, haciéndolo más efectivo si cabe.

Si optásemos por el primero, tendríamos una suspensión rebajada en 10 mm, kit de amortiguación con mayor rigidez y nuevo equipo de llantas de 19 pulgadas con neumáticos Pirelli PZero Rosso en medidas 285/35 ZR19 y 305/35 ZR19 delante y detrás, respectivamente. Si por el contrario eligiésemos el paquete C (de “Competition”), un nuevo equipo de suspensiones con clara orientación a pista, en el que esta queda rebajada en 15 mm.

Además, dotaban a nuestra unidad de barras estabilizadoras de mayor sección y totalmente ajustables, y un kit aerodinámico para mejorar la carga en la zona trasera y conseguir reducir el Cx a 0,255, que según la marca lo convertía en el coche producido en serie con menor coeficiente aerodinámico en su momento. Hoy día hay modelos que ofrecen un Cx de 0,24, pero no con este tipo de carrocería. Cualquiera de los dos paquetes opcionales tenían un precio de unos 22.000 euros, aproximadamente, pecata minuta una vez puestos en harina.

Además de las tres versiones a la venta, Bristol ofrecía a sus clientes sendos paquetes deportivos con los que mejorar enteros a nivel dinámico y con clara orientación a pista

El equipamiento en este elaborado deportivo no podía ser menos, y además de contar con asientos de piel y volante regulables de manera eléctrica, así como luces traseras LED, disponía de un completo cuadro de instrumentos de clara inspiración aeronáutica o un compartimento tras los asientos donde albergar hasta dos bolsas de golf. Todo, como decimos, rematado con los mejores materiales y ensamblado de manera manual, haciendo cada unidad prácticamente única.

Pero como ya hemos hecho referencia actualmente, solo faltaba una cosa: la pasta. Porque para acceder a este tipo de automóviles había que disponer de unas 229.125 libras para la versión estándar o 256.150 libras para poder sentar nuestras posaderas en un Fighter S, a lo que hay que sumar cualquiera de los paquetes deportivos antes mencionados o cualquier extra que se nos pasase por la cabeza, ya que Bristol hizo todo lo posible por configurar al gusto del cliente su futuro automóvil. Y después de todo esto, homologación e impuestos.

Bristol Fighter 7

Y hemos hablado en pasado porque este coche se dejó de fabricar en 2011, cuando Bristol Cars fue intervenida al suspender pagos. Las fuentes divergen, entre nueve y 14 unidades en total, y lamentablemente no llegó a manos de clientes un solo Bristol Fighter T. La marca se intentó reflotar, pero acabó extinta durante el 2020. Lo último que supimos de Bristol Cars es que tienen unos cuantos coches cogiendo polvo en un edificio al que accedió “de aquella manera” un youtuber experimentado en colarse en lugares abandonados, y hay vídeo como testimonio.

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