Fuerte es el apellido Villeneuve en la historia de la Fórmula 1. Con Jaques continuó su legado en la década de 1990 y este monoplaza lleva, no simbólicamente, el linaje canadiense grabado en su carrocería, su valor más seductor mientras estuvo en oferta. Porque un coche como este, para el mundo de las subastas, deja ver sus dos caras. Un pobre historial que no lo coloca nada cerca de los más célebres vendidos por millones –léase un Senna, un Fangio o un Schumacher–, pero al mismo tiempo es toda una rareza a un monto inferior.
Una oportunidad u oportunidad única, como suelen reseñar las casas de subastas en casos como este. La venta de este Williams con una oferta final de 218.500 euros lo ubica incluso por debajo de deportivos de ingreso a gamas actuales como puede ser un Ferrari Roma. Pero hay más de un factor que explica el hecho de que alguien se haya llevado por dicha cifra un FW20 de la temporada 1998. No es sólo que haya participado de tres carreras y en una de ellas, en el Gran Premio de Argentina, ni siquiera haya terminado.
Han pasado ya algunos días desde que RM Sotheby’s confirmó la subasta, de manera que es toda una incertidumbre si el nuevo dueño le ha empezado a echar mano. El título de este artículo casi que ridiculiza el pasado de competición de este Williams, porque, en realidad, dudo que de aquí en adelante el coche encuentre más acción de la que encontró en sus días de vigencia temporal y tecnológica, aun dándole una segunda vida en circuito, esta vez en carreras de exhibición de históricos, para lo cual califica. Pero que necesita pasar por el taller mecánico, de eso no caben dudas y, si la cuestión es ponerlo en movimiento de nuevo, pues entonces sí puede que tenga más uso que cuando aceleraba a fondo.

A fondo o no, este FW20-03 ya retirado de Williams Heritage debe volver a acelerar. No puede limitarse a una vida de museo, condenado a la quietud y a silencios apenas interrumpidos por esporádicos y estridentes sonidos de motor. Carreras heritage o museo. Todo dependerá del nuevo propietario. Las dos en simultáneo sería lo más lógico. Es lo normal. Pero sea cual fuere su futuro, insisto, este Williams necesita recuperar su corazón.
Desde la división de la escudería británica destinada a sus monoplazas del pasado han sido tajantes: el coche, en las condiciones en que fue subastado, no estaba en condiciones de arrancar. Su motor original, el V10 Mecachrome de tres litros y más de 750 caballos que llevó a esta unidad y al canadiense a las puertas de un podio en Imola con un cuarto puesto –mejor desempeño en el historial del coche–, se ha perdido y su lugar está ocupado por un motor ficticio. La transmisión también necesita un trabajo profundo, ya que tampoco tiene embrague y las levas de cambio secuencial no funcionan, por lo que se necesita un nuevo volante.
Sería, a decir verdad, una tercera vida, porque tras la olvidable temporada 1998 –fue la primera vez en 10 años sin victorias en una misma temporada para Williams–, el FW20-03 tuvo un considerable uso como vehículo de pruebas. Al indicar que el coche no funciona en las condiciones con que se puso a la venta, Sotheby’s, en su reseña, cerró así: “Consulte el archivo histórico del FW20 para ver una lista de los elementos necesarios”. El V10 debe ser el primero de esos elementos a recuperar y cuanto antes. El coche tiene que volver a moverse, pero también a sonar, sea cual fuere su faceta exhibicionista.
Mauro Blanco
COMENTARIOS