El Alpine A310 Vision rescata la cuña de los setenta con 1,18 metros de altura

El Alpine A310 Vision rescata la cuña de los setenta con 1,18 metros de altura

Un ejemplar único con faros que salen hacia abajo para celebrar los 55 años del A310


Tiempo de lectura: 4 min.

El Alpine A310 Vision tiene pinta de llegar tarde a una película de ciencia ficción de los setenta, y me parece estupendo. De hecho, los diseñadores han recuperado aquella afición a dibujar coches con forma de cuña, cuando un deportivo debía parecer capaz de pasar por debajo de la barrera del aparcamiento. Este mide 1,18 metros de alto, así que la ocurrencia tampoco queda tan lejos. Yo ya estoy pensando en cómo entrar ahí con cierta dignidad, aunque probablemente la dignidad tenga que quedarse fuera.

Alpine lo ha presentado el 12 de octubre en el Salón de París como un ejemplar único sobre la plataforma APP. En realidad, la marca ya había anunciado el regreso del A310 eléctrico de cuatro plazas, pero este Vision es un ejercicio de diseño independiente, sin producción anunciada. Me gusta que hayan dedicado ese rato de libertad a un coche así de bajo y descarado, porque el nombre A310 merecía algo que apeteciera mirar por puro vicio.

El abuelo tenía bastante que enseñar

Los diseñadores colocaron un Alpine A310 original en el estudio para trabajar con él delante. Por cierto, el A310 de 1971 cumple 55 años, mientras que el V6 celebra medio siglo, de modo que había una buena excusa para sacar al abuelo a pasear.

El Vision recoge la geometría de los primeros A310 y las caderas más generosas de los V6, con 4,55 metros de longitud y 2,03 de anchura máxima detrás. Ahora bien, la gracia está en cómo se reparten, porque la cabina parece hundida entre las ruedas y sobra coche a ambos lados. Yo veo esas proporciones y entiendo enseguida por qué algunos seguimos embobados ante una carrocería deportiva. Al fin y al cabo, los diseñadores pueden pasar horas explicando sus trazos, pero el aficionado ya ha dado tres vueltas alrededor y está buscando su ángulo favorito para la foto.

La carrocería de aluminio contrasta con los bajos negros y con la burbuja semitransparente del habitáculo. Además, las ruedas dibujan una A, un detalle bastante más entretenido que ponerle otro emblema al coche por si alguien aún no sabe quién lo fabrica.

El conjunto tiene ese aire de maqueta que uno colocaría encima de la mesa y acabaría mirando mientras debería estar trabajando. Eso sí, Alpine ha exagerado la silueta original lo justo para que resulte familiar y extraña a la vez, como una versión del A310 que alguien hubiera dibujado imaginando un futuro mucho más divertido que el que nos ha tocado aparcar.

Los faros hacen su numerito y yo compro la idea

Los faros aparecen mediante un movimiento del frontal hacia abajo que Alpine llama pop-down. Yo me quedaría un buen rato jugando con las luces, porque los deportivos que abren los ojos siempre han tenido su gracia.

El capó lleva un S-duct y la zaga remata con un alerón dividido en dos, mientras que las luces posteriores tienen forma de cuchilla y participan en el trabajo aerodinámico. De este modo, los diseñadores han repartido el espectáculo por todo el coche, así que el frontal tampoco se lleva toda la atención.

El interior deja entrever asientos de formas orgánicas y mandos físicos inspirados en los equipos de música. Yo soy bastante fácil de convencer con algo que se puede girar o pulsar sin atravesar un menú, y la referencia a una buena cadena de sonido le pega al coche. Con todo, la cabina conserva su misterio detrás de esa burbuja, como aquellas ilustraciones futuristas que te hacían imaginar un viaje espacial aunque solo estuvieras pasando las páginas de una revista.

El A310 Vision me gusta porque invita a perder el tiempo mirándolo, que también es una función muy respetable para un automóvil. Yo disfruto con un diseño con gracia igual que con una buena mecánica, y aquí tengo suficientes detalles para entretenerme. Le haría sitio en la colección de miniaturas inmediatamente, preferiblemente con los faros móviles para seguir jugando un rato.

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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