El Mitsubishi Carisma 1.6 GLX constituyó la propuesta más equilibrada y racional de la firma japonesa para el segmento de las berlinas medias a finales de los años noventa. Su diseño discreto y su enfoque hacia el confort lo definieron como un producto pensado por y para los gustos del conductor del Viejo Continente, pero no le permitieron destacar demasiado a pesar de tener un precio que se podía considerar competitivo: 2.495.000 pesetas.
La alianza estratégica con Volvo y la factoría de NedCar
Mitsubishi, allá por los años 90, decidió emprender una estrategia industrial singular para reforzar su presencia en los mercados europeos. En lugar de importar sus modelos directamente desde Japón, la marca estableció una alianza estratégica con Volvo para fabricar sus vehículos en la planta de NedCar, situada en la localidad holandesa de Born. De esta colaboración nació el Mitsubishi Carisma, un modelo que compartía plataforma y numerosos componentes estructurales con el Volvo S40, aunque mantenía una identidad mecánica y estética propia de la casa de los tres diamantes.
La planta de NedCar aplicó estándares de fabricación rigurosos para asegurar que el nuevo modelo cumpliera con las expectativas de durabilidad y ajuste que se esperaban de un producto de origen nipón. Además, esta ubicación geográfica permitió a Mitsubishi reducir costes logísticos y adaptar el coche con mayor rapidez a las normativas y preferencias locales. Sin embargo, al menos en el caso del Mitsubishi Carisma, las ventas en España nunca fueron especialmente altas.
Respecto a la variante de cuatro puertas, su introducción en el mercado respondió a la necesidad de ofrecer una silueta de tres volúmenes más clásica y elegante que la versión original de cinco puertas. Esta modificación estética no solo mejoró la aerodinámica y la presencia visual –la carrocería sedán siempre fue bien acogida en España–, sino que también permitió ganar tres centímetros de altura en las plazas posteriores y aumentar el volumen del maletero hasta los 500 litros, una cota sobresaliente para un coche de 4,43 metros de longitud.
Mecánica atmosférica y comportamiento rutero
Bajo el capó, el Carisma 1.6 GLX albergaba un motor de cuatro cilindros en línea y 1.597 centímetros cúbicos, dotado de dieciséis válvulas, un solo árbol de levas e inyección multipunto. Este bloque desarrollaba una potencia oficial de 100 CV a 5.750 revoluciones, aunque las mediciones en banco de la época solían arrojar cifras ligeramente superiores, cercanas a los 104 CV. Con un par motor de 137 Nm a 4.000 revoluciones, la mecánica destacaba por su elasticidad y por una entrega de potencia progresiva que permitía circular con soltura en entornos urbanos y mantener cruceros estables en carretera con consumos medios de 7,8 litros a los 100 kilómetros.
El Mitsubishi Carisma 1.6 GLX demostró que se podía ofrecer una berlina fiable, espaciosa y bien equipada a un precio razonable, aunque su discreción comercial lo relegó a un papel secundario
Sobre el asfalto, el bastidor del Carisma priorizaba la suavidad de rodadura y la estabilidad lineal por encima de cualquier pretensión deportiva. El esquema de suspensiones independientes en ambos ejes –McPherson delante y brazos tirados detrás–, junto con el uso de barras estabilizadoras en ambos trenes, confería al vehículo un aplomo notable en autopista y una capacidad de filtrado de las irregularidades del firme muy satisfactoria para sus ocupantes. No obstante, el tarado blando de los amortiguadores provocaba ciertas inclinaciones de la carrocería en tramos revirados, lo cual servía de recordatorio de que nos encontrábamos ante un sedán de corte estrictamente familiar y rutero.
Habitabilidad, equipamiento y balance comercial
Interiormente, el habitáculo presentaba una ejecución sobria pero muy bien resuelta en términos de ergonomía y calidad de ajustes. La dotación de serie de la versión GLX era inusualmente completa para su precio, pues incluía doble airbag frontal, aire acondicionado, cierre centralizado, dirección asistida y elevalunas eléctricos en las cuatro puertas. La única ausencia destacable era el sistema antibloqueo de frenos ABS, que no estaba disponible en esta motorización de acceso, aunque el equipo de frenos –con discos ventilados en el eje delantero– cumplía con su cometido de forma eficaz y segura.
El Mitsubishi Carisma 1.6 GLX de cuatro puertas se consolidó como una opción de compra inteligente para quienes buscaban un coche fiable, espacioso y bien equipado sin necesidad de realizar un desembolso excesivo. Su paso por el mercado fue casi a hurtadillas, pues entre 1995 y 2004, período en el que se vendió el modelo, apenas llegó a las 350.000 unidades (cifra que agrupa todas las iteraciones de la gama, tanto la primera serie como las dos actualizaciones posteriores).


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".