Mitsubishi Carisma ‘Evolution’ Concept by TWR Design: El intento de Tom Walkinshaw de inyectar ADN de rallyes al sedán más anodino de Europa

Mitsubishi Carisma ‘Evolution’ Concept by TWR Design: El intento de Tom Walkinshaw de inyectar ADN de rallyes al sedán más anodino de Europa

Con kit aerodinámico inspirado en los rallyes, llantas de 18 pulgadas y asientos Recaro


Tiempo de lectura: 4 min.

Pocas veces un nombre ha resultado tan irónico en la historia del automóvil como el del Mitsubishi Carisma. Lanzado en el año 1995, este vehículo fue el fruto de una ambiciosa colaboración industrial en la planta de NedCar, en los Países Bajos, compartiendo entrañas con el Volvo S40. Mitsubishi buscaba un producto diseñado por y para europeos, pero el resultado fue un sedán de una sobriedad tan extrema que la prensa especializada no tardó en señalar que su mayor carencia era, precisamente, la que rezaba en su portón trasero. Conscientes de este déficit emocional, la marca japonesa recurrió a los magos de TWR Design para intentar una transformación radical.

La receta de Tom Walkinshaw para el mercado europeo

Tom Walkinshaw Racing –TWR– no era una entidad cualquiera en los años noventa. Eran los responsables de los éxitos de Volvo en el BTCC con el 850 Estate y tenían una división de diseño e ingeniería capaz de convertir cualquier vehículo convencional en una máquina con presencia de circuito. En el Salón del Automóvil de Londres de 1995, Mitsubishi presentó el Carisma ‘Evolution’ Concept, un estudio de diseño firmado por TWR que pretendía demostrar que el nuevo modelo europeo también podía ser un objeto de deseo.

La propuesta visual era contundente. El anodino Carisma de serie recibía un kit de carrocería completo que incluía paragolpes más profundos, faldones laterales marcados y un alerón posterior que evocaba directamente a los Lancer Evolution que empezaban a forjar su leyenda en el Mundial de Rallyes. El conjunto se remataba con unas llantas de aleación de 18 pulgadas calzadas con neumáticos Goodyear Eagle F1, una monta exagerada para la época que transformaba por completo la postura del coche sobre el asfalto.

Mitsubishi Carisma 'Evolution' Concept by TWR Design (2)

El Carisma ‘Evolution’ Concept de TWR demostró que la imaginación de un genio de la competición podía transformar la estética de un anodino sedán europeo, aunque la realidad mecánica de la tracción delantera frenó sus aspiraciones de convertirse en un icono de los tramos

El contraste entre la apariencia y la realidad mecánica

El habitáculo no se quedaba atrás en esta metamorfosis. TWR instaló asientos Recaro de corte deportivo y detalles de acabado que elevaban la percepción de calidad de un interior que, de serie, destacaba por su abundancia de plásticos grises. Sin embargo, a diferencia de los Lancer Evolution japoneses –dotados de tracción total y motores turboalimentados de 2.0 litros–, el concepto de TWR se basaba en la arquitectura de tracción delantera del Carisma europeo.

Aunque el prototipo lucía una estética de competición, su propósito era puramente comercial y de imagen. La idea subyacente era crear una serie especial que pudiera atraer a los entusiastas que buscaban algo más que un simple medio de transporte fiable. En aquel momento, Mitsubishi utilizaba la denominación Carisma en competiciones de turismos como el BTCC o el campeonato holandés para promocionar el nombre en el continente, aunque los coches de carreras guardaran poca relación técnica con el modelo de calle.

El legado confuso y el destino de un concepto olvidado

El Carisma ‘Evolution’ Concept de TWR nunca llegó a la producción en serie tal como se presentó en Londres. En su lugar, Mitsubishi optó por una estrategia diferente en algunos mercados europeos como Alemania o el Reino Unido. Para cumplir con las normativas de homologación y aprovechar el tirón del WRC, la marca vendió unidades del Lancer Evolution IV, V y VI bajo el nombre de “Carisma GT”. Aquellos coches eran auténticos Evolution japoneses con el nombre cambiado, lo que ha generado una confusión histórica recurrente entre los aficionados.

El verdadero proyecto de TWR quedó relegado a las páginas de las revistas de la época y a unas pocas fotografías de prensa que hoy son piezas de arqueología automotriz. Representa el “qué habría pasado si” de un modelo que, a pesar de su fiabilidad y de introducir tecnologías pioneras como los motores de inyección directa de gasolina –GDI–, nunca logró sacudirse su fama de coche aburrido. El intento de Walkinshaw por dotar de alma al Carisma sigue siendo un recordatorio de que, a veces, ni siquiera el mejor diseño del mundo puede ocultar un pecado original en la concepción de un producto.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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