“Era un momento crítico en la carrera de las 24 horas de Le Mans de 1927. Sammy Davis acababa de sacar su Bentley del accidente en la curva White House. Los otros dos Bentley de la carrera estaban irremediablemente enredados con el coche francés que provocó el accidente. David llevó el número 3 a boxes: una luz se apagó, la carrocería destrozada, los frenos no funcionaban bien, el eje trasero y el chasis se doblaron. Rápidamente, repararon el coche. Un decidido Davis llevó el Jone Bentley de nuevo a la pista y comenzó a correr bajo la noche lluviosa”. El resto es historia.
Días atrás, el anuncio de un no cualquier coche en venta llamó mi atención. Era uno de los 54 ejemplares del acabado especial Flying Spur del Bentley S1 Continental 1958. Todavía más especial, tratándose del que alguna vez perteneció al maestro del suspense, Alfred Hitchcock. Un claro exponente de la larga era de la marca bajo la órbita de Rolls-Royce. Entonces, sin detenerme demasiado en la configuración de ese modelo 1958, pensé que, así como a la gloriosa filmografía de los años cincuenta de Hitchcock le precedían sus primeras películas, contemporáneos a éstas habían sido los victoriosos coches de Bentley cuando poco antes de que la Gran Depresión llevara a la firma a la quiebra y a su adquisición por Royce.
El fragmento que introduce a estas líneas pertenece a un aviso publicitario de época. El anuncio incluye una ilustración de uno de los momentos más épicos del automovilismo. Hablar de Bentley y de “Maison Blanche” es hablar de uno de los momentos más épicos del automovilismo y, en particular, de la historia de Le Mans. Es hablar de los Bentley Boys. El desastre todavía se respira en fotografías de época y en el talento de artistas plásticos de casi un siglo atrás, encargados de construir el mito.

Este es el Bentley S1 Continental Flying Spur de Alfred Hitchcock a la venta, que ha provocado esta historia
En contexto, en un lapso de siete temporadas, Bentley obtuvo cinco títulos de Las 24 Horas de Le Mans y la más memorable ocurrió en 1927. Justo pasando por la curva de la Casa Blanca –reemplazada en 1972 por una nueva llegando a la chicane Ford–, un accidente en cadena retiró de la carrera a cinco coches, incluyendo dos del equipo Bentley. Diez menos veinte de la noche. Polvo, restos, automóviles montados unos encima de otros. Allí debajo, pilotos. Hubo un coche que logró reponerse de los daños, el Bentley 3 Litros Super Sport de los británicos Dudley Benjafield y Sammy Davis. Este último lo rescató y, para la mañana siguiente, el 3 Litre, ahora con Benjafield al volante, comenzaba a acercarse al Aries que lideraba.
La presión del equipo británico y las condiciones en las que el vehículo logró adelantarse para finalmente cruzar la línea de meta con Davis en la conducción tras 137 giros, hace de este antecedente un recuerdo imborrable para el circuito de la Sarthe. Para la centenaria compañía de lubricantes de la que se servía el equipo británico, la desgracia de los automovilistas involucrados en el célebre accidente de la Casa Blanca y la epopeya del Bentley 3 Litros fue toda una oportunidad de marketing. Todo un caso de oportunismo muy bien dirigido.

Redaccion
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