El Volkswagen Corrado 1.8 16v GT apareció en un momento de la línea temporal en la que la mayoría de los fabricantes europeos dejaron de producir pequeños coupés deportivos. Rompiendo su espíritu conservador y tradicional Volkswagen lanzó al mercado este pequeño coupé deportivo de tracción delantera, bautizándolo -siguiendo su costumbre- con el nombre de un viento: “Corrado”.
Si estáis interesados en conocer una de las versiones más excitantes del Corrado podéis leer este interesante artículo de su hermano, el Corrado VR6
Derivado del popular Golf ni sustituía al no menos interesante Scirocco (también derivado del compacto) ni se fabricaba en las instalaciones de Volkswagen en Wolfsburgo, sino en las de la firma Karmann, en la ciudad de Osnabrück. Esta firma mantenía por entonces unas estrechísimas relaciones con Volkswagen, siendo la encargada de realizar el proyecto del pequeño coupé deportivo en su totalidad, con una producción inicial estimada en 90 unidades.
Conviene aclarar que el Corrado 1.8 16v GT que se vendió en España no tenía nada que ver con el genuino Corrado de más ilustre apellido, G60. La versión española estaba descafeinada frente a la que se vendió en el resto de los países europeos y en Estados Unidos, impulsada por el motor G60 que entregaba 160 CV. La razón fundamental es que esta mecánica se fabricaba con catalizador, por lo que resultaba poco operativa en nuestro país. A nivel estético son prácticamente iguales, mas no hemos encontrado fotos del Corrado 1.8 16v GT.
Poco hay que comentar de su carrocería. Todo el mundo coincidía en señalar su belleza. Quien comenta que sobre gustos no hay nada escrito es porque ha leído poco sobre gustos, y es que el Corrado se llevaba una nota muy elevada en este aspecto. Con un excelente perfil aerodinámico y un tamaño reducido (4.050 mm de largo, 1.675 mm de ancho y 1.325 mm de alto) su habitabilidad era bastante buena, algo limitada en las plazas traseras por su línea coupé y sus voluminosos pero prácticos reposabrazos, apta para dos personas.
Su interior se caracterizaba por la espartana línea habitual de los modelos de Volkswagen, más tolerable en un vehículo de vocación deportiva. No se podía quejar en lo referido a equipamiento, destacando un ordenador de a bordo, aire acondicionado, asiento regulable en altura, elevalunas y retrovisores con accionamiento eléctrico, cierre centralizado, limpialuneta trasero, llantas de aleación de 6×15 pulgadas envueltas por neumáticos de dimensiones 185/55 HR15.
Opcionalmente se podía solicitar un sistema ABS-Teves, techo practicable y tapicería de cuero. Los asientos eran muy duros
La visibilidad delantera era excelente, no así la trasera, condicionada por la inclinación de la luneta y la presencia de un alerón, aunque a su favor este era replegable mejorando ligeramente dicha visibilidad. Unos buenos retrovisores exteriores eran imprescindibles.
Para darle vida al coche se optó por sustituir el motor con compresor del G60 original y aprovechar el conocido 1.8 (1.781 cm3) de 16 válvulas y 136 CV que equipaban al Golf y al Scirocco, al que sometieron a algunas modificaciones. La distribución -hidráulica- se realizaba a través de un doble árbol de levas movido por correa y cascada de piñones, y la alimentación se encomendó a un sistema de inyección electrónica Bosch KE-Jetronic. El resto de los órganos mecánicos los compartía con el Golf, lo que era una señal de garantía de buen rendimiento y funcionamiento.
Los 136 CV los entregaba a un régimen de 6.300 RPM, junto a un par máximo de 160 Nm a 4.800 RPM, unos valores que no ponían en riesgo a la mecánica. De este motor siempre se ha criticado por la falta de una respuesta brillante a bajo régimen, hasta el punto de que sus recuperaciones casi calcaban las del motor de ocho válvulas.
Por debajo de las 3.500 RPM apenas se dejaba sentir, por lo que si queríamos conducir con cierto brío era necesario hacer un uso intensivo de la palanca de cambios por encima de este punto del cuentavueltas
Esto se traducía en unos consumos que siendo objetivos no eran muy exagerados, rozando los 12 l/100 km en ciudad, 6,4 l/100 km en carretera convencional a 90 km/h, 11,5 l/100 km en conducción rápida, 7 l/100 km en vías rápidas a 120 km/h, y 11,1 l/100 km a 180 km/h (de acuerdo a mediciones de la época).

La mayor diferencia mecánica con el Scirocco se encontraba en la caja de cambios. Se sustituyó la clásica caja guiada por varillas por una novedosa de guiado por cables, y aunque ganaba en suavidad y en precisión lo perdía en rapidez: resultaba imprescindible marcar bien el punto muerto, porque si no el cambio rugía de forma notoria.
Por ello se perdía bastante eficacia, sobre todo en las reducciones rápidas. El escalonamiento de las marchas era correcto, salvo por un salto algo grande entre segunda y tercera, que obligaba a estirar al máximo la segunda para que al pasar a tercera la aguja del cuentavueltas no bajase de las 3.200 RPM.
En lo que concernía a su comportamiento, adoptó con acierto el eje posterior del Passat. En este Corrado se emplearon los llamados cojinetes correctores de guía, un invento de Volkswagen que servía para autocentrar las ruedas en las naturales oscilaciones durante los apoyos. Esto se traducía en un comportamiento neutro, seco e irreprochable.
Sus prestaciones básicas eran las siguientes: 207 km/h de velocidad máxima, 7,3 segundos de 0 a 100 km/h y 31,1 segundos para recorrer los 1.000 metros desde parado. En cuanto a los valores de recuperación, necesitaba 35 segundos para recorrer 1.000 metros desde 40 km/h en cuarta y 39 segundos para el mismo registro en quinta. Para pasar de 80 a 120 km/h en cuarta dedicaba 11 segundos y 15 segundos en quinta.
Este pequeño coupé deportivo se situaba un escalón por debajo de su hermano G60, pero no desmerecía por comportamiento dinámico, prestaciones y consumos, equipamiento y calidades de acabado, sin destacar en ninguno de ellos, ofreciendo un gran equilibrio en conjunto. Su precio era de 3.578.013 pesetas, unos 48.000 euros de hoy.
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Ginés de los Reyes
Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...COMENTARIOS