Coche del día: Vanderhall Venice

Coche del día: Vanderhall Venice

Roadster de tres ruedas, al mas puro estilo 3 Wheeler, pero de origen norteamericano


Tiempo de lectura: 3 min.

Los coches antiguos tienen algo especial. Es posible que sea su diseño, también es posible que sean las sensaciones que transmiten cuando se conducen o que la historia que esconden les otorgue ese aura tan distintiva, pero es evidente que destacan frente a coches modernos. Quizá por eso hay quien todavía se inspira en ellos para sus creaciones actuales. Aunque visto desde otro punto, la pasión por el automóvil y las sensaciones es algo que siempre ha mantenido vivo de alguna manera a este invento.

El coche no es una simple máquina, no importa que los fabricantes vivan de vender vehículos a las masas, el automóvil tiene todo un universo a su alrededor y fabricantes como Vanderhall Motor Works, mantienen vivo ese espíritu. Estos americanos tienen como premisa el placer de conducir y sus productos desprenden una personalidad arrolladora. No son vehículos prácticos en ninguna de sus versiones, tampoco son especialmente cómodos y pocas personas fuera del mundo del motor entenderán la existencia de algo así. Sin embargo, cualquier aficionado encontrará mil y un motivos para tener una cosa como esta en su garaje con solo ver las fotos.

Vanderhall Motor Works tiene en catálogo tres modelos, dos sobre la misma base y con solamente tres ruedas (dos delante y una detrás) y un todoterreno bastante radica llamado Brawkey; el Vanderhall Venice, que a su vez tiene tres versiones; el Carmel, que se compone de cuatro acabados. Tres modelos cuyo único fin de existencia es el placer de conducir, la diversión de su propietario en su estado más puro. Y para ello, emplea una fórmula muy sencilla: es inspira en modelos de antaño, aunque ofrece soluciones actuales en ciertos apartados.

Hoy nos vamos a quedar con el Vanderhall Venice, un roadster muy particular que esconde muchas cosas que harán las delicias de los apasionados de la conducción, como su diseño, su motor o su escaso peso. Así, bajo el capó, hay un motor de origen General Motors de 1.4 litros asistido por un turbo, que rinde 194 CV y 250 Nm de par. Está acoplado a un cambio automático con manejo secuencial, también de General Motors, con seis relaciones, pero lo mejor es que solamente pesa 635 kg.

Es evidente que las sensaciones están aseguradas en un aparato como este, más aún cuando no hay un techo disponible para cubrir el habitáculo. Sensaciones que se acompañan con estilo, gracias a un habitáculo tapizado en piel marrón y a un volante de tres radios sin airbag de aspecto puramente ‘vintage’, un asiento colocado a ras de suelo y una ausencia total de servo para la dirección, entre otras cosas. Además, es capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en 4,5 segundos.

vanderhall venice (2)

Hoy día, lograr poco peso incluso en un coche así requiere de emplear soluciones especiales. Por ejemplo, el chasis se fabrica con aluminio y la carrocería, por su parte, se realiza con paneles de resina compuesta. Lo más llamativo es que se trata de un tracción delantera, no de propulsión, lo que podría afectar un poco a la diversión al volante, aunque una buena puesta a punto es capaz de hacerte olvidar que ruedas mueven el coche. Sobre todo en un aparato como el Vanderhall Venice, donde las sensaciones lo dominan todo.

Son coches que se vende por encargo y cuyo precio parte de unos 30.000 dólares, aproximadamente. Tiene página web oficial para España, donde aparecen un total de dos modelos, dejando fuera al todoterreno que sí ofrecen en Estados Unidos. En este portal, el Venice cuenta con cuatro versiones y el Carmel con otras cuatro.

Lo más parecido al Vanderhall Venice es un Morgan 3 Wheeler, aunque el modelo británico es mucho más clásico en su concepción, incluso en su última evolución.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

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En la época en la que pasaba el día dibujando coches, alguien me preguntó: ¿pero a ti te gusta más la mecánica o la carrocería de los coches? Esa misma semana leí el Manual del Automóvil de Arias Paz. Tenía 14 años, esa simple pregunta es la razón por la que estoy aquí, desde entonces no he parado de aprender sobre lo que se convirtió en mi pasión.