El Opel Corsa 1.5D era la variante diésel de la primera generación del utilitario alemán. Una opción que llegaba tarde al mercado y en un momento en el que no había mucha demanda de motores diésel. Básicamente, porque la gasolina tenía un precio no muy alto y el diésel perdía uno de sus argumentos más fuertes. Hacía acto de presencia cuando el Renault 5 GTD y el Peugeot 205 GRD, dos de sus más directos rivales, ya se habían hecho un hueco en el mercado y para colmo, ofrecían suficientes razones para ser los referentes del segmento.
Los motores diésel, allá por los años 80, eran todavía propulsores básicos en su mayoría, basados en simple cubicaje y compresión. Había motores turbodiésel, claro que sí, pero se reservaban para modelos de, al menos, tamaño medio, mientras que a los utilitarios –o polivalentes, como se les llamaba entonces– se les animaba con motores diésel atmosféricos; los turbos tardarían en llegar a este segmento un buen puñado de años todavía. Es por ello que los utilitarios diésel de aquellos años no eran coches a los que podamos tildar de prestacionales, aunque si tenían su hueco en el mercado y, por supuesto, su público.
En dicho mercado diésel, sin turbo y motores ni de lejos, tan potentes como ahora, los coches que mandaban en las listas de ventas eran, como no, los “de siempre”: Renault 5 y Peugeot 205. No importaba la versión, siempre estaba entre los primeros puestos de ventas. El Opel Corsa era otro de los coches más populares, pero en la firma alemana, en aquellos años bajo control de General Motors, esperó demasiado para poner en circulación una versión con motor alimentado por gasóleo. No iba a ser la variante más demandada, ni marcaría la diferencia en ventas con los rivales más directos, pero los fabricantes siempre se marcan entre sí y era hora de que Opel diera el paso.
General Motors no tenía motores diésel propios y Opel tampoco, así que se recurría, como se hizo también después con el auge de los diésel, a un fabricante externo. En este caso, a Isuzu, que proporcionó un propulsor que, según la prensa de la época, pronto se situó entre los mejores con un funcionamiento excepcional. Era un cuatro cilindros en línea con 1.488 centímetros cúbicos con una culata de aleación ligera y dos válvulas por cilindro, inyección mecánica con bomba rotativa de pistones, que rendía 50 CV a 4.800 revoluciones y 9,1 mkg a 3.000 revoluciones.
El Corsa 1.5D se caracterizó por unas suspensiones algo blandas y una dirección de accionamiento pesado en parado

Lejos están las cifras, como se puede apreciar, de cualquier motor turbodiésel, pero estaban en la media de la época. De hecho, los mencionados rivales, los 5 GTD y 205 GRD, recurrían a motores más grandes –1.769 centímetros cúbicos el Peugeot y 1.595 centímetros cúbicos el Renault– para anunciar potencias no mucho más altas –60 CV en el caso del 205 GRD y 55 CV para el 5 GTD–. Además, el Corsa 1.5D presumía de un motor que podía superar las 5.000 revoluciones, algo muy poco habitual en la época.
El montaje de este propulsor obligó a cambiar algunas cosas en el Corsa. Por ejemplo, los soportes superiores de los amortiguadores fueron reforzados, la suspensión delantera tenía tarados específicos y el equipo de frenos era un poco más robusto y potente. Todo ello debido al mayor peso del motor, comparado con los propulsores gasolina que usaba el pequeño modelo alemán en aquellos años.
Según la prensa de la época, el Opel Corsa 1.5D destacaba por un sonido bastante contenido, aunque también tenía algunas pegas como una dirección algo pesada, sobre todo en parado y unos frenos poco resistentes al calentamiento. El comportamiento, como cabe esperar, era subvirador, por el peso del motor y por unos tarados de suspensión tirando a blandos.
Por prestaciones, el Opel Corsa 1.5D estaba en la media del segmento. La velocidad máxima era de poco más de 150 km/h –que se lograba en cuarta–, mientras que el 0 a 1.000 metros se completaba en 37,8 segundos. La recuperación hasta los 1.000 metros, desde 40 km/h en cuarta, tardaba 40,2 segundos. El precio, para el Opel Corsa 1.5D Swing, una de las versión más interesantes, era de 1.214.779 euros. Unos 7.300 euros a finales de los 80.
Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS