En 1941 los duques de Windsor recibieron como regalo un Cadillac conocido como “The Duchess” (La “Duquesa” de Cadillac). El duque de Windsor, conocido anteriormente como el rey Eduardo VIII de Inglaterra, tuvo que abdicar en 1936, después de 11 meses de corto reinado.
La razón de esta abdicación fue su amor incondicional por Wallis Simpson, una mujer perteneciente a la alta sociedad americana dos veces divorciada, relación muy mal vista por la monarquía británica. Y como dos tetas tiran más que dos carretas, Eduardo VIII dejó el trono y decidió disfrutar de la vida junto al amor de su vida en Nueva York, en una suite de las Waldorf Towers de Park Avenue. Mientras tanto, Europa se acercaba al abismo.
Esta limusina fuera de serie fue un regalo de Alfred P. Sloan, presidente y CEO de General Motors. Lo que no se sabe con certeza si el duque de Windsor hizo una petición expresa a Mr. Sloan, o este último se encargó personalmente de diseñar y fabricar esta limusina tan especial, demostrando la capacidad de Cadillac para crear obras de arte sobre ruedas. Del encargo se responsabilizó el Departamento de Arte y Color de GM, bajo la batuta de Harley Earl.

La “Duquesa” no compartía ningún panel de carrocería de otros modelos de Cadillac de 1941. La característica más distintiva del automóvil eran sus guardabarros delanteros, que fluían hacia atrás a través de las puertas laterales hasta unirse en una chapa de acero inoxidable fijada en el guardabarros trasero.
Otras diferencias con otros modelos de Cadillac era la línea del techo, más baja, aportándole un aspecto más estilizado, con un pilar C más redondeado. El pilar B también era más rotundo, rasgo de diseño que se trasladaría a otros modelos de la marca en 1942.
Se minimizó la moldura cromada de los laterales, desapareciendo incluso de los marcos redondos de los faros delanteros y de los faros antiniebla, pintados de negro al igual que la carrocería. Negro absoluto e imponente, en contraste con unas ruedas de banda blanca y tapacubos cromados. El capó, el maletero, las puertas, el techo, los guardabarros y sus faldas se fabricaron a mano, al igual que el ajuste de todas estas piezas.

Su interior también resultaba muy particular. La tapicería de los asientos era de color rosa, incluyendo los parasoles y el techo, combinados con unas moquetas/alfombras de lana Wilton del mismo color. Para contrarrestar este toque femenino se forraron con madera de nogal el interior de las puertas, los gabinetes, la mampara divisoria con las plazas delanteras y algunos elementos más.
Conocido entusiasta de los automóviles y los aviones, en Cadillac tenían la certeza de que el duque conduciría también el vehículo, por lo que la parte delantera también estaba dotada de la misma elegancia y opulencia que el compartimento trasero. Se le instaló su propia radio, con los mandos y botones controlados de forma manual, y con las emisoras de AM de la ciudad de Nueva York preseleccionadas de forma automática.
En las plazas traseras se podía contar con un departamento para guardar sus pipas y conservarlas, dos ceniceros y tres encendedores. Incorporaba cuatro joyeros de acero inoxidable cepillado para que la duquesa de Windsor guardase sus joyas, dos de ellos con iluminación.
Llevaba otras comodidades como ventanillas accionables hidráulicamente, calefacción automática, la mencionada mampara de privacidad de accionamiento eléctrico, y una radio personalizada envuelta en cobre, con una antena alimentada por vacío que se podía subir o bajar mediante una perilla cromada situada en el reposabrazos del asiento trasero.
Otros inusuales elementos de equipamiento eran los cristales de alta seguridad con cortinillas de privacidad realizadas en satén, intermitentes, frenos hidráulicos, suspensión delantera independiente… Esta impresionante limusina estaba movida por un poderoso (en su época) 5.7 V8 de 150 CV, que transmitía su potencia a las ruedas traseras a través de una caja de cambios automática Hydramatic.
El modelo normal alcanzaba una velocidad máxima de 160 km/h y dedicaba 15 segundos para el 0 a 100 km/h. Desconocemos las prestaciones de la “Duquesa” a causa de su mayor peso por el equipamiento extra que llevaba
Fue una unidad única, con detalles como el icónico adorno del capó chapado en oro –goddess o diosa-. La “Duquesa” se construyó sin importar el coste. Según informaciones privilegiadas su precio ascendió a 14.000 dólares, una cifra extravagante, cuando el modelo más caro de Cadillac, el Fleetwood 75, -un sedán de cuatro puertas- costaba 4.045 dólares. Permaneció en poder del duque de Windsor hasta 1952, que lo cambió por un Cadillac serie 75 y una camioneta Buick.

A partir de este momento el automóvil conoció cuatro propietarios diferentes que se sepa. El propietario siguiente lo adquirió en 2009, sometiéndolo a una restauración respetando en todo lo posible su aspecto original. Algunos elementos estropeados se sustituyeron por otros originales, y otros se desmontaron, limpiaron o repararon recuperando su aspecto inicial.
El 21 de noviembre de 2013 se puso a la venta en la subasta RM Sotheby´s Art of the Automóbile de Nueva York, con un precio de salida de 410.000 dólares, pero no se llegó a vender. Desde entonces no se sabe con seguridad si ha cambiado de manos. A modo de recordatorio de la época dorada de GM, la “Duquesa” representa una parte importante de la cultura pop y de la historia del automóvil del siglo XX. Se definía como un Cadillac construido para un duque, pero apto para un rey.
Presentado en el Amelia Island Concours de marzo de 2017, el fundador y presidente del evento, Bill Warner, dijo acertadamente: “La línea y la forma de The Duchess tienen una elegancia única que está al menos una década adelantada a su tiempo. Este es un Cadillac hecho a mano, increíblemente restaurado y único. La duquesa fue creada por dos leyendas de la industria automotriz, el presidente y CEO de General Motors, Alfred P. Sloan, y su jefe de estilismo, Harley Earl. Se superaron a sí mismos.”
Fotografía: RM Sotheby´s

Ginés de los Reyes
Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...COMENTARIOS