Coche del día: Audi A2 1.4 TDI

Coche del día: Audi A2 1.4 TDI

Objetivo: máxima eficiencia


Tiempo de lectura: 4 min.

El Audi A2 fue todo un órdago de la firma alemana, que por desgracia no salió bien. Hubo dos problemas concretos: estética y precio. Cuando estas dos cosas se combinan mal, las cosas no funcionan ni siquiera para Audi. Por lo demás, si hacemos caso a las pruebas de la época, el A2 no era mal coche y además, era un desarrollo muy innovador y atrevido, que no se ha vuelto a repetir en la firma alemana.

A comienzos del Siglo XXI, Audi estaba en plena expansión gracias a que en Volkswagen, con Ferdinand Pïech a los mandos, se habían propuesto subir a lo más alto de la industria con desarrollos de máximo nivel. Fue cuando la marca comenzó a fabricar sus coches con aluminio de forma masiva, cuando los motores TDI comenzaron a crecer exponencialmente y cuando aparecieron coches como el Volkswagen Phaeton o el Audi A2. Dos coches, por cierto, que tuvieron similares resultados.

Ciertamente, el Audi A2 puede resultar un coche feo –siempre según a quien se pregunte, ya sabéis–, pero nadie puede negar que fue innovador. Ahí está, por ejemplo, su carrocería de aluminio o su aerodinámica, pues las formas de su carrocería tienen el objetivo de hacer que fuera lo más aerodinámicamente eficiente posible y cuando eso ocurre, no siempre se obtiene una forma atractiva. Es más, el propio concepto de coche es toda una innovación, tanto para Audi como para la propia industria –un pequeño urbano supereficiente, pero premium–.

El problema de la innovación es que resulta cara y lo mejor es poner un ejemplo. El Audi A2 1.4 TDI, cuyo motor rendía 75 CV a 4.000 revoluciones y 195 Nm de par a 2.200 revoluciones, costaba la friolera de 3.295.000 pesetas en el año 2000, 19.804 euros aproximadamente sin sumar inflación, unos 33.500 euros con la inflación añadida al precio. Caro no, lo siguiente incluso hoy. Con esas tarifas, es lógico que su difusión fuera limitada. Es más, para colmo, el mencionado motor 1.4 TDI no solo tenía menos de 100 CV, también tenía tres cilindros.

Audi A2 1 4 TDI (3)

Los motores de tres cilindros no son cosa de ahora, ya se empezaron a usar antaño y Volkswagen fue de los primeros en aplicarlos a su gama diésel. Básicamente, en aquellos años, los ingenieros alemanes tenía vía libre para experimentar con todo lo que hiciera falta para crear los motores más eficientes y prestacionales posibles, y ahí surgió, por ejemplo, el motor 1.4 TDI. Pero no vayamos a dar una imagen equivocada, porque el hecho de tener tres cilindros no es problema, el problema fue montarlo en un Audi de más de tres millones de pesetas.

Aun así, las pruebas de la época solo tenía buenas palabras para el Audi A2 1.4 TDI. Se decía, usando palabras textuales, que “el motor 1.4 TDI tricilíndrico vuelve a demostrar, bajo el capó del A2, su extraordinario rendimiento, adaptándose perfectamente al planteamiento del más pequeño Audi”. Son palabras extraídas de la Guía Útil del Automóvil de Coche actual número 96, una pequeña publicación bastante interesante donde analizaron al más pequeño de los Audi en aquellos años.

El responsable de aquella prueba, Alfonso Aguilera, afirmó que el motor ofrecía un elevado agrado de uso gracias a su suavidad y a la rapidez de respuesta, pero sobre todo, por su consumo. Según la publicación, se registró un consumo de 5,4 litros cada 100 kilómetros, mientras que también afirmó que “pie a tabla”, era difícil superar los siete litros e imposible llegar a los ocho litros. Con un depósito de apenas 34 litros, la autonomía del pequeño Audi A2 1.4 TDI podía rondar los 600 kilómetros.

La velocidad máxima apenas superaba los 170 km/h, un dato que quizá, en Alemania, podría ser un problema. Sin embargo, también se destaca la estabilidad en carretera, bastante alta para la batalla y el ancho de vías del A2, así como el confort que ofrecían las suspensiones, que por cierto, se presentaban algo descompensadas cuando el asfalto no era perfectamente liso.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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