Maurizio Reggiani fue el responsable técnico del Murciélago, el Gallardo, el Huracán y el Aventador. Ahora ha aplicado ese conocimiento a una reconstrucción completa del Diablo Roadster. El resultado de Eccentrica no es un coche restaurado ni modernizado: es un Diablo construido de nuevo, con treinta años más de ingeniería encima.
Reconstruir desde cero frente a restaurar
Existe una diferencia importante entre restaurar un coche, modernizarlo y reconstruirlo desde cero. Eccentrica, el taller de San Marino que debuta esta semana en The Quail de Monterey, ha elegido la tercera opción. El Lamborghini Diablo V12 Roadster que presentará el catorce de agosto no conserva la carrocería original, no mantiene el chasis sin tocar ni se limita a actualizar el equipamiento interior. Toma el motor, la arquitectura mecánica de motor central y tracción trasera, y la filosofía del Diablo, y lo reconstruye con materiales, geometría y aerodinámica completamente nuevos. El resultado comparte ADN con el original pero no comparte casi nada más.
Lo que convierte este proyecto en algo más que un ejercicio de taller exclusivo es quién lo ha dirigido técnicamente. Maurizio Reggiani fue durante más de dos décadas el máximo responsable técnico de Lamborghini: desarrolló el Murciélago y supervisó el Gallardo, luego pasó al Huracán y al Aventador, dos coches que redefinieron lo que Lamborghini podía hacer con un V10 y un V12 en posición central. Nadie fuera de Sant’Agata conoce mejor que él las virtudes y los límites de esa arquitectura. Que sea Reggiani quien haya liderado la ingeniería del Eccentrica Diablo V12 Roadster no es un detalle de marketing: es la garantía de que alguien con criterio real ha tomado las decisiones técnicas que importan.
Ingeniería de fibra y aerodinámica resuelta
El chasis original de acero del Diablo se ha reforzado con tirantes de fibra de carbono que mejoran la rigidez torsional sin añadir peso significativo. Sobre esa base, la carrocería es completamente nueva: fibra de carbono de principio a fin, diseñada desde cero con la referencia visual del Diablo Roadster original pero con una aerodinámica específica para un habitáculo abierto. La vía es más ancha que en el original, lo que mejora el comportamiento dinámico y exagera las proporciones que ya en los años noventa hacían al Diablo uno de los coches más intimidantes visualmente del mercado. El trabajo aerodinámico se ha centrado en canalizar el aire turbulento alrededor del habitáculo en lugar de dirigirlo hacia conductor y pasajero, que era uno de los problemas irresueltos del Diablo Roadster de producción.
Respecto al motor, se trata del V12 de 5,7 litros del Diablo, revisado para entregar 542 CV y 600 Nm de par. Son cifras que superan en algo más de ochenta caballos al Diablo VT de producción, y que se transmiten a las ruedas traseras a través de una caja de cambios manual de seis velocidades. Sin tracción total, sin automático, sin mediaciones. La aceleración de cero a cien kilómetros por hora se estima en 3,8 segundos, lo que sitúa el coche en el rango de prestaciones de muchos superdeportivos modernos, aunque esa cifra no es el argumento principal del proyecto.
El Eccentrica Diablo V12 Roadster no es una simple restauración; es la cúspide de la ingeniería aplicada a un icono de los noventa, dirigido por el hombre que diseño los Lamborghini modernos más memorables
El legado del Diablo y su llegada a Monterey
El Diablo ocupa un lugar específico en la historia de Lamborghini que lo diferencia del Miura o del Countach como referencias de la marca. Llegó en 1990 como el primer Lamborghini diseñado completamente bajo la propiedad de Chrysler —que había adquirido la marca en 1987—, con carrocería de Marcello Gandini considerablemente suavizada respecto al prototipo original por los diseñadores de Detroit, y con el objetivo de llevar a Lamborghini a un nivel de refinamiento y fiabilidad que los modelos anteriores no siempre habían conseguido. El resultado fue un coche que durante once años —hasta la llegada del Murciélago en 2001— fue la referencia de lo que un V12 de motor central podía ofrecer en un coche de producción.
La versión Roadster, introducida en 1995, añadía la experiencia de cielo abierto a esa fórmula, aunque con las limitaciones que imponía la aerodinámica no diseñada para ese propósito. El Eccentrica resuelve exactamente eso: el Diablo Roadster como debería haber sido si en 1995 alguien hubiera tenido los materiales y el tiempo para hacerlo bien.
Para el comprador interesado, el precio esperado supera el millón de libras por unidad. A eso hay que añadir el coste del coche donante: entre doscientas mil libras para un cupé y quinientas mil para un Roadster original en buen estado. No es un proyecto para el comprador que busca valor de mercado, sino para quien quiere un Diablo que funcione con la exigencia de un coche contemporáneo sin renunciar al carácter del original. Eccentrica no ha comunicado cuántas unidades tiene previsto construir.
El debut en The Quail, uno de los eventos de Monterey Car Week reservado a los proyectos más exclusivos de la temporada, confirma el nivel al que Eccentrica apunta. En ese mismo fin de semana, el coche comparte protagonismo con el Lanzante 95-59, el Cizeta-Moroder que sale a subasta y otros proyectos de similar ambición. Es el tipo de semana en que el mercado de los superdeportivos de encargo demuestra que la escasez y la ingeniería aplicada con criterio siguen siendo dos argumentos que el comprador correcto no necesita que nadie le explique.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".