Qué década la primera de este milenio para el diseño de los automóviles. Los dos mil, años de nobles figuras, de deportivos de altísimo calibre mecánico que conocieron como pocos el juego de la seducción: modelos que hicieron de la sutileza el manto de mística justo para guardarse el costado salvaje que descubrían, ya sin pudor alguno, cuando se encendía el motor. El Lamborghini Murciélago fue uno de ellos.
Desde ese punto de partida, no queda otra que aprobar la decisión de apostar por un ejemplar de la marca italiana que tomó un creador de contenido dedicado a la adquisición de deportivos de ocasión y posterior restauración. Si algún entusiasta de los SEMA Show lee estas líneas, tal vez recuerde el espacio que ocupó un Lamborghini Murciélago LP 640 muy particular en la edición del 2024. Más cuando la repercusión en redes sociales fue inmediata, con observaciones que fueron al hueso, para bien o para mal, marcando lo impecable y advirtiendo a dónde debían apuntar las mejoras. Veamos…
“Me encantan las luces, el techo, las tomas de bala, odio el brillo del inferior, aunque sé que es parte de la construcción ciberpunk, pero en mi opinión personal, sería mejor sin él”, indica un usuario, haciendo referencia a la tira lumínica azul sobre los bajos aerodinámicos –coincido, en parte–, a los orificios sobre el paso de rueda trasero, que se pueden apreciar mejor en uno de sus posteos de Instagram, y la curiosidad de la que he venido a hablar.
Abre una pestaña y chequea las cotizaciones de los Murciélago de segunda mano que te aparezcan, independientemente de los kilómetros acumulados, el estado y el año de lanzamiento al mercado. Pues, no sé tú, pero yo he encontrado de 200.000 euros como base: considerable cantidad de unidades por las cuales se piden incluso más cientos de miles y alguna excepción cuya cifra comienza en 1. Lo de este restaurador equivalió a dar en el blanco. El precio de este Lamborghini Murciélago LP 640 le cayó del cielo. Apenas 35.000 euros, un regalo. Ese no fue el problema.
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“El juicio final” de este Lamborghini Murciélago LP 640
Cuantos más años, el coche puede perder valor, si bien otros, los de culto, por ejemplo, se revalorizan cada de más. Y cuanto más pasan los años, todo lo contrario a los repuestos. La complejidad a la hora de ir por ellos va en aumento. Qué decir de un Lamborghini. Nuestro amigo, sobre un presupuesto limitado, recurrió a eBay en lugar de buscarlos en los concesionarios. La decepción estaba escrita. Allí se encontró con un costo equivalente al 57 por ciento de lo que le había salido el deportivo.
Su Murciélago necesitaba ojos, de manera que haber pagado 20.000 euros por unos focos nuevos y especiales del modelo le habría devuelto al vehículo un poco de lo perdido. Los 20.000 por dos focos delanteros para la luz izquierda y el presupuesto limitado, por caminos separados. “Me encantan las luces”… El resultado fue un LP 640 no del todo original, pero la alternativa acabó cumpliendo con las expectativas. El contratiempo económico lo llevó a la impresión 3D.
En lugar de comprar los repuestos originales, digitalizó uno usando un escáner y lo fue perfeccionando durante el proceso de modelado. Las sujeciones en forma de anillo para las lentes de las bombillas le demandó tiempo y esfuerzo durante la digitalización, dado que al escáner se le dificultaba capturar los detalles con eficiencia al tratarse de un foco de aluminio. Para soportar las temperaturas del calor de la iluminación, una resina de alta resistencia y todo encaminado.
El propio diseño del Murciélago le facilitó las cosas para el paso final: las cubiertas de cristal. Si le hubiese tocado recuperar un deportivo con faros toman tanto la superficie del capó como la del frontal, distinto habría sido el asunto. En este caso, le bastó con recortar a medida una pieza de metacrilato. Como una imagen vale más que mil palabras, al ver la terminación es suficiente. No hace falta explicar por qué, con esa nueva cicatriz, de haberse fabricado para la década de los noventa, habría sido un candidato para aparecer en Terminator 2.
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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS