Coche del día: De Tomaso Guarà

Coche del día: De Tomaso Guarà

Este fue el último diseño de Alejandro De Tomaso, guardando no pocas similitudes con el primero realizado tres décadas antes


Tiempo de lectura: 5 min.

Para los más acérrimos del automovilismo deportivo hecho en Italia, el De Tomaso Guarà de 1993 representa algo muy especial. Y es que se trata del último modelo creado por Alejandro De Tomaso, cerrando el círculo en una especie de eterno retorno a las ideas con las que inició la fabricación artesanal de sus propios vehículos. Así las cosas, lo mejor será situarnos en la Módena de 1963. No en vano, fue en estas coordenadas donde el argentino Alejandro De Tomaso decidió empezar con su propia marca de deportivos siguiendo una fórmula muy similar a la usada por Lotus en el Reino Unido. Y es que, cuando no cuentas con un gran departamento de motores, la única vía para ser competitivo es insistir en cuestiones como la ligereza o el manejo.

Llegados a este punto, el Vallelunga – primer modelo de producción en serie para De Tomaso – se basó en un interesante y afinado chasis de viga central construido en acero. Sobre el mismo se incorporaba un motor procedente del sencillo y popular Ford Cortina, revistiendo el conjunto primero en aluminio – Fissore – y luego en fibra de vidrio a lo largo de una segunda serie – Ghia – . Gracias a este modelo nacía una de las marcas más interesantes para el automovilismo deportivo de gama alta en la Italia de los sesenta, perpetuándose en el tiempo gracias a sus relaciones con Ford. No obstante, ¿por qué su producción no ha sido más prolífica?

Bueno, en este sentido cabe destacar el carácter tan personal de esta marca, dirigida directamente por su propio fundador tal y como Horacio Pagani puede hacer hoy en día con su producción de tirada limitada. De todos modos, lo cierto es que desde finales de los sesenta Alejandro De Tomaso se convirtió en una especie de hombre de negocios con excelentes contactos, estando detrás de diversas operaciones de capital relacionadas con Ghia, Ford e, incluso, Maserati. Marca ésta que llegó a presidir en 1975 tras el abandono de la misma por parte de Citroën, quien se confesó ante el estado italiano – principal accionista de Maserati por entonces – como incapaz de rescatar a la marca de las consecuencias derivadas de la Crisis del Petróleo.

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El De Tomaso Guarà continuaba tres décadas más tarde el esquema de ligereza y equilibrio representado por el Vallelunga, primer modelo diseñado por Alejandro De Tomaso

De Tomaso Guarà, una nueva vida para el Maserati Barchetta

Contra viento y marea, Maserati consiguió mantener el vuelo durante los años setenta y ochenta bajo la dirección de su nuevo presidente argentino quien, por cierto, tomó decisiones tan controvertidas como el despido de Giulio Alfieri nada más llegar a la dirección. Así las cosas, Alejandro De Tomaso pasó de ser el accionista minoritario en la marca del tridente a ir comprando poco a poco cada vez más acciones al estado italiano. De esta manera, a comienzos de los noventa ya contaba con la mayoría de las mismas.

Una situación de control que aprovechó para vender Maserati a FIAT en 1993, propiciando la unión de ésta bajo el mismo conglomerado industrial en el que también se encontraba Ferrari, su rival histórico. Llegados a este punto, todo quedaba bajo los parámetros de una operación comercial de altos vuelos en la convulsa economía italiana de la época, donde aún estaba reciente la adquisición de Alfa Romeo por FIAT en 1986 tras décadas de propiedad estatal. Sin embargo, debido a la pasión de Alejandro De Tomaso por sus propios diseños había algo que arreglar.

Y es que, en medio de aquel baile de números y acciones, el Maserati Barchetta de 1991 quedó como un proyecto interesante sin tiempo para rematarse con una versión Stradale. Nacido con la vocación de ser el protagonista de una copa monomarca con la que promocionar las esencias deportivas de la marca, éste encontró problemas de desarrollo motivados por la parálisis de una empresa anclada en sus motores biturbo con constantes problemas de fiabilidad. Es decir, en cierta manera el Maserati Barchetta nacía como un revulsivo, intentando ser un experimento con el cual relanzar a la la marca de cara a los años noventa.

de tomaso guara (3)

Aunque nació para ser un Maserati, finalmente acabó en manos de la marca personal de Alejandro De Tomaso ya que la dirección de FIAT no hubiera consentido llevar a serie este deportivo tan personal tras haber absorbido a la casa del tridente en 1993

Y vaya, sí es cierto que logró sus propósitos al menos en materia de imagen de marca, puesto que cosechó no pocas páginas en las revistas de la época proclamando a los cuatro vientos que algo parecía moverse en la anquilosada Maserati. No obstante, su producción quedó por debajo de las veinte unidades. Una mala noticia para Alejandro De Tomaso, quien se planteaba seriamente la llegada a serie de este diseño gracias a una hipotética versión Stradale muy al hilo de los deportivos Lotus por entonces en manos de General Motors. No obstante, el argentino creía tanto en su último diseño que la venta de Maserati a FIAT no fue un problema para él. De esta manera, lejos de dejar morir al Maserati Barchetta resucitó su diseño a través de su propia marca bajo el nombre de De Tomaso Guará, solventando el problema de los motores primero con un V8 M60 de BMW – 1993 a 1998 – y luego con un V8 Ford para la segunda serie que llevó el modelo hasta su final en 2004. Y fue bonito. Fue bonito no sólo por sus líneas a cargo de Carlo Gaino, sino especialmente porque su chasis – de viga central – y su planteamiento ligero y depurado recordaban mucho, bastante, al presentado por el De Tomaso Vallelunga justo tres décadas antes. Es decir, el primer y el último diseño de Alejandro De Tomaso se unían bajo las mismas características, cerrando el círculo para una de las carreras más interesantes en toda la historia del automovilismo italiano.

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Sobre mí

Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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