El tiempo vuela. Ya un año de mi visita al Autoclásica 2024 en Argentina, evento de encuentro de referentes del rallye. El Lancia Delta, representado por un Integrale ganador en la temporada ‘88 y un S4 similar al de la tragedia que derivó en la prohibición– fue centro de atención. Para no dar lugar a dudas, uno apeló al show descubriendo su motor turbo, encendiéndolo para que vociferara sus más de 500 caballos. Detrás, contemplándolo, recuerdo a dos sujetos conversando sobre el Grupo B.
En ese momento no alcancé a escuchar lo suficiente y hoy sigo sin saber qué rivales invocaron los entusiastas. El Audi Quattro S1 probablemente haya sido uno y sospecho que también trajeron al presente al Ford RS200, otro exponente de la extinta categoría. “Trajeron al presente al Ford RS200”, un escenario que, poco tiempo después, se materializó con un proyecto por demás ambicioso.
Amigos, la fórmula la tiene Boreham Motorworks y ya la confirmó. Sin secretos, con las características ópticas circulares adicionales con que corría en el Grupo B, el alerón trasero y el frontal –ambos revisados en el departamento de Ingeniería de Ford en Dunton durante la etapa de desarrollo–, el RS200 1984 diseñado y desarrollado por Ghia se mostraba junto a un enigmático coche cubierto por una lona azul, del cual sólo se revelaban los cuatro faros delanteros en forma de trapecio invertido, tal como se lucían en el RS200 de serie. Una reversión cortesía de Boreham Motorworks.
A propósito de las mentes detrás de aquel clásico de competición, John Wheeler, ingeniero jefe de Ford Motorsport por aquellos tiempos, quedó inmortalizado en unas fotografías de archivo de la revista Motorsport, en las que se lo ve conversando con Jackie Stewart junto al motor del primero de los seis prototipos que derivaron en los 194 restantes, dado el mínimo de 200 unidades establecido por la FIA para competir.
Ford RS2.00: Del libro… ¿a los videojuegos?
Cerrado el paréntesis, sucede que la casa Boreham Motorworks cuenta con la licencia del óvalo americano para materializar sus proyectos que, en realidad, no son revivals, sino remasterizaciones. Una de ellas, una versión contemporánea del Escort de primera generación. Ahora bien, la más llamativa pertenece a otra dimensión, una tercera dimensión, una versión que promete ser toda una evolución definitiva del clásico para el mañana.
A propósito de diseños experimentales, al ver lo esbozado por los creadores del denominado Ford RS2.00, al ver la foto que lo muestra desde afuera con la cabina al descubierto, fue inevitable la comparación con el Enigma GT de Pininfarina. La disposición de la apertura hacia el interior es la misma, incluyendo el parabrisas envolvente y panorámico, que en este caso se presenta digital e interactivo. Una de las características más notables. Una cúpula y unos pasos de rueda atemporales, alerones trasero y de techo reinterpretados y, lógicamente, las cuatro ópticas delanteras como requisito innegociable. Lo esencial es su destino y la gran curiosidad radica en cómo nació la idea.
De los libros al simulador. Parte del equipo de diseñadores de Ford que puso manos a la obra con los bocetos iniciales, fueron más allá durante su tiempo libre, creando así este diseño virtual 3D con el impulso de, algún día, llevarlo al mundo de los videojuegos. ¿Pero cuáles eran esos bocetos originales y cómo y por qué se llevaron a cabo?
El escritor Steve Saxty, el nombre clave. En una reunión entre él y el director de Diseño de Ford Europa, Amko Leenarts, el volumen final de su serie de libros Secret Fords fue tema ineludible en la conversación. Para el cierre de este último libro titulado RS Special, ambos estuvieron de acuerdo en que lo mejor sería ponerse a prueba con un diseño retrofuturista inspirado en el RS200 de hace 40 años. Los diseñadores comenzaron a trabajar y entonces este reducido grupo de entusiastas abrió la tercera dimensión en paralelo, dimensión que Leenarts desconoció hasta que la descubrió, apoyando luego su continuidad. Como si el título del volumen de Saxty hubiera presagiado el desenlace.





Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS