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¿Llegó el placer de conducir a su máximo y ya entró en decadencia?

La industria del automóvil está perdiendo el norte y futuros clientes

¿Llegó el placer de conducir a su máximo y ya entró en decadencia?

A menudo me viene esa idea a la cabeza. Tengo la impresión de que cada vez se hacen más esfuerzos en esta industria pensando en la gente que no le gusta conducir, es más, incluso a la gente que no le gustan los coches. Y poco falta para que se empiecen a vender coches para los que no les gusta y no quieren conducir, aunque durante una temporada solo se tratará de gente con mucho dinero o que los usará simplemente por minutos o rodajas de tiempo. Sí, me refiero a los coches autónomos.

Si preguntamos a cualquier conductor de la vieja escuela nos dirá que antaño se podía conducir con un mayor grado de libertad, es decir, con un menor grado de control de las autoridades. Ahora tenemos radares, cámaras que comprueban si se usa o no el cinturón de seguridad o se usa móvil, drones que cazan in fraganti, helicópteros Pegasus y hasta se hizo una prueba piloto con una especie de avión espía con tecnología militar.

No termino de estar de acuerdo con esa línea argumental, porque eso preocupa bien poco a los conductores de bien que cumplen con las normas de circulación al dedillo o que, cuando son sancionados, ha sido por puro despiste o error, no por intención. Eso sí, está claro que vamos de camino a un sistema en el que un alto nivel de control reduce las posibilidades de meter la pata sin llevarnos algún tipo de reprimenda o sanción.

Otros dicen eufemísticamente que antes «se podía viajar». Vaya, y ahora no… Se refieren a que se podían hacer viajes a velocidades muy por encima de las legales, incluso por encima de los 180 km/h, sin tener la posibilidad de quedarse uno sin carné de conducir. Suele coincidir históricamente la época del «se podía viajar» cuando casi se mataban 10.000 españoles al año en accidentes de tráfico. Perdón, quise decir siniestros viales, no todo eran accidentes, como participar en la «ruta del bakalao».

Ahora hay que meterse más en el redil, y el que quiere correr con «garantías» se corta a 150 km/h y como mucho serán 50 euros por pillada, aceptando la culpa y el descuento por pronto pago del 50 %, como una especie de peaje o contacto con los salteadores de caminos que describía la literatura antigua. Pero no se trata únicamente de transgredir las normas. Vale, por un lado, hay que cumplir las normas con más celo y eso puede coartar a algunos.

Por otro lado, el tráfico no siempre permite disfrutar de la conducción, sobre todo en el día a día, y lo convierte incluso en un suplicio. Hasta el mayor amante de la conducción acaba harto de accionar el embrague y meter primera, segunda, punto muerto, otra vez primera… Cada vez hay más modelos con cambio automático y asistente para atascos que realiza todo ese tedioso proceso que no aporta nada al placer de conducir.

El auge de los vehículos SUV también lo relaciono con el fenómeno de tener más apatía por la conducción, pero como esto me hará quedar como un sectario, añadiré también a la saca aquellos modelos que están tan enfocados al confort que aíslan al conductor de la realidad del asfalto, con cada vez más ayudas y una menor intervención del mismo. Después se generalizará la conducción semiautónoma, ahora mismo eso no existe, y alguno se ha matado con el Autopilot mientras veía una película de Harry Potter.

Incluso en zona urbana. Limitaciones a la movilidad por la contaminación -más culpa de los fabricantes que de sus clientes-, medidas físicas de reducción de velocidad (resaltos, bandas sonoras, radares) especialmente incómodas sobre todo cuando la normativa se las pasan por el forro los gestores públicos, dificultades para aparcar o que todo se vuelva de pago… así, poco a poco se convierte un instrumento de libertad en un soberano coñazo.

El pedal del embrague, la caja manual, el freno de mano, la instrumentación convencional… van camino de desaparecer

Las generaciones más jóvenes tienen cada vez menos interés en los coches. Lo sé de muy buena tinta, que en los últimos años me he rodeado de gente que no había cumplido los 20 y en ese sentido mi generación parece del siglo pasado. Bueno, en realidad lo es, pero en un sentido más amplio. Según vamos avanzando en el tiempo, el coche se percibe cada vez como algo más innecesario o simplemente imposible de mantener.

SEAT Ibiza GTi 16v Cupra

SEAT Ibiza GTi 16v Cupra

Generalizándose los salarios de mierda en una juventud muy preparada -esto es discutible, pero vamos a dejarlo en preparada, pese a la LOGSE y sus secuelas-, los alquileres con tintes de usura y las hipotecas en un plano inalcanzable, así resulta complicado hacerse uno con un buen coche. La mayoría de los SUV no se los están comprando familias que van justitas de ingresos, sino las que han podido vivir con una mayor comodidad, mejores condiciones laborables, mejor estabilidad, etc.

Me sirve de ejemplo el lamento de una pareja joven, en los «treinta y largos», que se hicieron con el típico modelo superventas del segmento C-SUV, un Kia Sportage. Les habría gustado un Q5 o un Touareg, pero estaba cerca para decirles que estaban locos. Venían de un SEAT Ibiza él, un Peugeot 307 SW ella, y ahora las están pasando canutas para mantenerlo. Ambos tienen estudios universitarios, pagan una hipoteca, tienen dos críos y no tienen malos trabajos, pero no viven «en el dólar».

A no ser que se trate de una selectísima minoría que se está forrando siendo youtuber, influencer, instagramer, deportista de élite… pues no veo muchos clientes jóvenes para coches con un necesario poder adquisitivo alto para poder siquiera pagar las cuotas. Cuando la generación de mis padres (baby boomers) se vea prácticamente incapacitada para conducir, ese tipo de vehículos tendrán cada vez menos sentido.

SEAT Alhambra V6 6B

Bien es sabido que gente de la treintena y cuarentena ya está fatal de la espalda, debe haber sido por vendimiar, por levantar edificios enteros echando paladas de cemento a los ladrillos, o por fregar escaleras, o por realizar todos esos trabajos penosos que muchas veces desempeñaron nuestros abuelos y bisabuelos sin rechistar. A lo mejor todo empezó por lo que pesaban las mochilas llenas de libros de texto de papel de alto gramaje que tenían menor vida útil que un iPhone último modelo.

Ironías aparte, si una industria que depende de vender vehículos y libertad descuida el factor pasional e irracional de lo que vende, los fabricantes se convierten en simples proveedores de transporte. Hace tiempo leí que un directivo de Ford salivaba pensando que un coche autónomo duraría solo cuatro años, del tute que llevaría llevando peña de un lado a otro, y que el ritmo de sustitución no pondría en peligro su negocio.

Es más, la mayoría de fabricantes aspiran a ser eso, proveedores de transporte, desde monopatines eléctricos hasta tanques de 2 toneladas y pico, con múltiples formas de pago y servicios añadidos, todo digital, todo seamless, todo fácil. Vale, genial, ¿y cuántos miman al cliente fanático que se compra un coche para tenerlo por lo menos 20 años y que acaba llorando cuando un médico le decía que no volviese a conducir? ¿Acaso no genera ingresos más que cuando se lo venden nuevo? ¿Y si repite en la marca y se compra más modelos a lo largo de su vida?

Concesionario Citroen

Hay clientes de primera y de segunda. Los de primera pagan y pagan, servicio por aquí, servicio por allá, y tienen una relación más atada con el vendedor del coche que con su cónyuge (que ahora decir marido y mujer no es políticamente correcto, oiga). Recurriendo a otros proveedores se desentienden de garantías -incluso de fallos de diseño- e incluso se considera normal que un cliente de hace 18 años tenga que ir en bus durante más de un mes porque no es rentable tener stocks de piezas para garantizar reparaciones rápidas, y del coche de sustitución ni hablemos. Eso es cosa de la aseguradora.

Lo cierto es que en esta sociedad cada vez se aprecia eso de tener un vínculo a largo plazo, ya sea con las empresas, los empleadores, las parejas… todo tiende a ser de usar y tirar, salvo el que no puede renovar por el motivo que sea y ha de aguantarse con lo que tiene. Los fabricantes están descuidando el núcleo de su negocio. Le está pasando ya a las vacas sagradas del motociclismo en EEUU, Harley-Davidson o Indian Motorcycle, que sus clientes más fieles se hacen viejos o se están muriendo, y tienen que cambiar el chip porque no han sabido durante un tiempo atraer a los más jóvenes, desde luego no con motos de más de 20.000 dólares.

Como siga ahondándose en ese divorcio sentimental entre oferentes y demandantes, aumentará la falta de fidelidad, el cortoplacismo, la desidia… y en definitiva, que pierdan clientes. Anda que no he llevado a gente de pasajera con Blablacar que me ha dicho que ya pasa de conducir, y que prefiere que les lleve otro, coche vendido o muerto de la risa. No todo es culpa de los fabricantes, la verdad sea dicha, pero tienen una gran parte de culpa.

Ateca Cupra

Me parece perversa la relación entre ciertas imágenes promocionales de algunos coches en las que salen casas de más de un millón de euros que no se permite ni el 1 % de la población

Definitivamente hay que revisar ciertas estrategias a largo plazo. Eso de querer cada vez vender cosas con más valor añadido, más margen, más Premium, más exclusivo… y que le den morcillas al que se compra un producto más humilde y más ajustado a lo que necesita y puede pagar (pues es un cliente menos rentable), acabará teniendo consecuencias. Si el máximo gigante del automóvil del Siglo XX, General Motors, estuvo a punto de quebrar, yo ya me espero cualquier cosa.

Un cliente fiel se gastará dinero durante años en los productos de una marca, pero para eso hay que mimarle, no pretender chuparle la sangre hasta que no le quede más, o hasta que se harte y se vaya a la competencia. En una relación hay que mantener viva la llama, que el amor es como la rentabilidad, que los resultados pasados no garantizan resultados futuros. Y según salgan adelante más generaciones de jóvenes, eso va a intensificarse.

Finalizo haciendo una mención al inicio de esta disertación. Los auténticos amantes del automóvil, esos que tanto dinero podrían estarse gastando, o no lo ganan porque no se lo pagan, o no tienen en qué gastárselo en productos nuevos, y se van a los usados. De lo que se están inflando algunas burbujas de modelos de los años 80 y 90 podemos hablar otro día, os podéis reír de la cotización de los diamantes, del petróleo, de los LEGO y de otras commodities.

Que suba tanto esa demanda tiene que hacer a algunos reflexionar, aunque los de marketing digan que es una demanda residual y que no hay por qué atenderla, ya que es más importante colocar SUV y coches de alto margen para quien cambia de modelo cada pocos años. Con gente que cada vez vive peor que sus padres o sus abuelos, ese modelo de negocio empieza a parecerme hasta imprudente a largo plazo.

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Sobre mí

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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Reverfons
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Reverfons

Pues es cierto lo que planteas, y planteas muchas ideas la verdad. Yo tampoco veo claro dónde va la industria y lo poco que intuyo no me motiva demasiado que se diga. Si es verdad que hemos avanzado mucho en seguridad y eficiencia pero se ha perdido por el camino la pasión en gran medida. Hay ciertas marcas generalistas que tratan de mantener ciertas sensaciones para disfrute de quien le gusta conducir, pero se pueden contar con los dedos de unas mano y sobra, y tampoco son las que más volumen de coches vende, con lo que la tendencia está… Leer más »

Fga
Invitado
Fga

Gran articulo, que toca muchos temas. A los que nos gustan los fierros, esta época no es la mejor. Hace unos días en Uruguay Toyota lanzo un servicio de car sharing, el directivo decía que Toyota apunta a ser una empresa de soluciones de movilidad, si esa es la estrategia de Toyota, no hay mucho que imaginar. El gran publico actual hoy busca soluciones, que ademas estén acompañados de cosas que le faciliten la experiencia, para eso el fabricante gasta en cosas superfluas que hacen olvidar o poner el disfrute en el placer de conducir. Hay modas poco entendibles, ya… Leer más »


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Portador del contagioso virus de los coches desde los once años. Ingeniero en informática, programador de robots y visión artificial que lo piensa todo en coches. Amante del arte, técnica y tecnología en movimiento, esto es, apasionado incondicional del automóvil.

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Desde que tengo conciencia me llamó la atención cualquier cosa con ruedas. Aprendí a montar en bicicleta al mismo tiempo que a andar, y creo que la genética tiene algo que ver: mi padre adoraba los coches, les ponía nombres, mi abuelo conducía y participaba en el diseño de camiones, y le privaban los coches...

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Soy uno de esos bichos raros a los que les apasiona hablar de coches y se pasaría horas comentando modelos o repasando la historia de la automoción. Pienso que la mayoría de ellos tienen su encanto, desde el deportivo con el que soñamos hasta el utilitario que te encuentras en cualquier esquina.

Adrián Iniesta

Ingeniero electrónico de profesión y amante de los coches por vocación. Dicen que aprendí a leer con las matrículas de los coches y que con 2 años me conocía todas las marcas y modelos. Cualquier cosa que me discutas sobre coches, te la intentaré rebatir.

Miguel A. Ager

Enfermo crónico del motor desde que era pequeño y lector compulsivo de cualquier texto que hable del automóvil. Se rumorea que la primera palabra que aprendió fue "coche".

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.