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«Las imprudencias se pagan»

Lecciones extraíbles del accidente de José Antonio Reyes

«Las imprudencias se pagan»

Estos días es noticia que un vehículo se ha salido de la vía por exceso de velocidad, resultando herido grave un varón y otros dos fallecidos. No era cualquier coche, un Mercedes Clase S preparado por Brabus (W221), y tampoco era cualquiera el conductor, sino el futbolista José Antonio Reyes. Precisamente por esto último el minutaje en las televisiones y la cantidad de tinta electrónica y normal empleada en comentarlo ha sido mayor de la habitual en este tipo de informaciones.

Vaya por delante el pésame para los familiares y amigos del futbolista, de su primo Jonathan Reyes -que también falleció-, y ánimo para que el tercer ocupante, Juan Manuel Calderón, muy grave, para que sane de sus heridas. Los comentarios en lo futbolístico de José Antonio Reyes exceden el ámbito de esta publicación y los daré por sabidos. A partir de aquí, me ceñiré a los hechos.

Reyes, primo y acompañante venían de Almendralejo (Badajoz) después de un entrenamiento. Tenían por delante casi 195 kilómetros y tenían «un poco de prisa». Era sábado casi a mediodía

El atestado de la Guardia Civil, todavía provisional, habla de una velocidad en torno a 237 km/h, un toque contra un guardarraíl en la A-376 pk. 18 (de Sevilla a Utrera), pérdida de control, salida de vía y explosión e incendio del coche a 200 metros de la calzada. Lo poco que quedó del coche es prácticamente irreconocible, y ya es en sí un milagro que haya sobrevivido alguien a un impacto de semejante violencia. Las fotos son muy fáciles de encontrar, ni tengo los derechos para reproducirlas ni me parecen plato de buen gusto.

Hace 10 años informé de la finalización de la A-376 entre Sevilla y Utrera, que era noticiable de por sí al haberse terminado la infraestructura en 18 años. La carretera se construyó a un ritmo medio de 1.333 mm anuales, a 237 km/h se recorre a razón de 65.833 mm por segundo. Los 24 kilómetros que separan ambas localidades, suponiendo movimiento lineal rectilíneo puro, se harían en apenas 6 minutos a ese ritmo.

Anécdota numérica al respecto, una cosa es evidente, con una limitación de velocidad de 100 km/h (autovía autonómica) circular a más del doble no es -precisamente- una actitud responsable, menos aún con pasajeros. Se han publicado muchos mensajes de condolencia -cómo no-, y uno de los que se ha salido del guión ha recibido una buena lluvia de pedruscos digitales. Reproduzco:

Y encuentro esas palabras cargadas de sentido común. Que fuese un héroe en el campo no quita el hecho de que fue un inconsciente y un temerario haciendo lo que hizo el otro día. Puso su vida y la de otras dos personas en peligro, así de duro, y así de contundente. Reyes tenía mi edad, 35 años, y ya se le suponía cierta veteranía en algunas cosas. No solo conducen como locos los futbolistas jóvenes que no tienen miedo a nada y se creen los reyes del mambo.

Se especula con una distracción, que a esas velocidades es como para ser crucificado, con la consecuencia de impactar el guardarraíl y destrozar un neumático, o el reventón de un neumático por falta de presión. Eso se explicaría fácilmente con un mantenimiento inadecuado del coche, leo en diversos medios que el Brabus no se usaba regularmente, y podía haber un neumático con baja presión. Eso, sumado a la caló que hace estos días, especialmente en esa zona, y cerca del mediodía, forman un cóctel explosivo.

No sé si tú, querido lector, has sufrido un reventón. Yo sí. Tuve la suerte de que circulaba en un tramo sin tráfico, que el neumático aguantó todo lo que pudo, que no iba tan deprisa (un poco por encima de 120 km/h) y que iba solo. Me vibró el volante un poco, me acerqué al arcén y paré. Vi el neumático hecho jirones y mi miedo inmediato fue ser atropellado por un camionero dormido. Fin. En su día, os lo conté. Había perdido presión al cabo de una hora y pico de pasar por un camino de tierra.

Toyota Prius con Michelin Crossclimate

Neumático que ha sufrido reventón por desinflado progresivo, los flancos entra en contacto con la calzada caliente y la rueda está herida de muerte

¿Y si hubiese ido circulando aquel día de verano de 2017 a 237 km/h? Seguramente me habría matado

Cuando un neumático no tiene la presión adecuada por una pérdida gradual (deshinchado natural) o súbita (un clavo u objeto punzante) acaba apoyando los flancos en el asfalto. En estos días es fácil que el asfalto pase de 40 ºC, sobre todo en la sartén que es la zona de Sevilla con sol, y que los flancos se sobrecalienten. A una velocidad tan alta el esfuerzo sobre un neumático desinflado es claramente excesivo. Cuando cede lo suficiente, revienta. Por eso ahora soy un firme defensor de los TPMS.

Los quides de la cuestión no son el modelo concreto de Brabus, ni si iba encendida una luz en el tablero del TPMS que el conductor ignoró, ni cuánto palmarés tenía el interfecto. No se puede calificar esto como un «accidente de tráfico», es un siniestro vial derivado de una imprudencia temeraria, al menos según el atestado PRELIMINAR. Lo recalco, no es definitivo.

Lo que sí es definitivo es que conducir a velocidades tan altas con un coche que no está perfectamente mantenido y/o siendo el conductor una persona insuficientemente formada, es manifiestamente peligroso. Lo que le ha pasado a estos hombres es una de las cosas que pueden ocurrir, y que se evitan en la medida de lo posible con una actitud más responsable. Es evidente que no fue así.

Brabus Mercedes Clase S W221

Mercedes-Benz Clase S Brabus (W221)

Mucho se pontifica sobre la seguridad de coches como la Clase S de Mercedes-Benz, y no digo que no sea un coche seguro, pero las pruebas de colisión se hacen a 64 km/h, y sigo sin conocer fabricante alguno que garantice la supervivencia en una colisión a más de 100 km/h. Ninguno se atreve. Menos aún se atreve nadie a garantizar la supervivencia a más del doble. Quien se pone en riesgo de esa forma debería tener ese pequeño detalle en cuenta.

Sí, es cierto que hay pilotos profesionales que se han dado tortas peores y han sobrevivido. Ni son personas normales, ni iban en coches normales. También hay casos de gente que ha sobrevivido a «accidentes» a más de 200 km/h, y porque, si analizamos con fría física, es que la energía cinética del impacto se disipó lo suficiente, de una forma o de otra, para que la cantidad de energía que se llevó el protagonista o protagonistas fuese soportable por su cuerpo.

Todo lo demás es basura demagógica

Noticias como esta nos recuerdan que los límites de velocidad no están de adorno, y que un radar en la A-376 -prácticamente recta- puede ser una puñeta para quien va a 120-130 y se piensa que va circulando por una autopista de peaje. De haber estado un radar ahí, este comentario no habría tenido lugar, o lo tendría más adelante en otra vía, otro día. Todo por evitar una multa, que es lo que más nos preocupa a todos.

Si fue la primera vez que Reyes condujo a esa velocidad, me visto de flamenca. Dice una información deportiva de 2015 que el alcalde de El Coronil (Sevilla), entonces Jerónimo Guerrero, le dedicó estas palabras: «Lamentable @JoseReyes_19 en la autovía de Utrera intentado echarme deliberadamente de la carretera. Grabado por mi acompañante y Denunciado». No he encontrado el original, ya que fue borrado, pero no haré más preguntas, señoría.

Que cada uno tome de este evento las conclusiones que quiera tomar. Para un servidor están bastante claras. De ahí el título de esta entrada, «Las imprudencias se pagan», que fue eslogan de una campaña de Tráfico hace varios años. No ha dejado de estar vigente.

Fotografía de cabecera: Instagram Oficial JAR10⚽️

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Sobre mí

Javier Costas

Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.