Las cosas no le están saliendo bien al presidente del Gobierno -en funciones- Pedro Sánchez, ni a su partido político, el PSOE. Parecía que la izquierda iba a tomar el testigo desde la moción de censura que descabalgó a Mariano Rajoy y al PP del Palacio de la Moncloa, pero año y pico después está siendo un espejismo. Ni el aliado natural, Unidas Podemos, está colaborando, y nos vemos abocados a elecciones generales otra vez más.
Eso ha impedido, entre otras cosas, el “impuesto al diésel”, es decir, equilibrar poco a poco los impuestos que se pagan por cada litro de gasóleo, para igualarlo a lo que se pagan por cada litro de de gasolina. Incluso equilibrando la balanza, quien tenga un gasolina seguirá pagando más impuestos, consume más litros que quien usa un gasóleo. Sin Presupuestos Generales del Estado, esa medida no va a entrar en vigor. En el escenario más optimista para Sánchez, hasta 2020 no pasará nada.
El Gobierno dijo hace 2 meses que no tenía intención de prohibir los diésel. Por otra parte, la comisaria europea de Industria y Mercado Interior, Elzbieta Bienkowska, aclaró ante una pregunta del parlamento danés si era posible prohibir las matriculaciones de vehículos de acuerdo a su tecnología -vamos, los gasolina, diésel, a gas e híbridos no enchufables- y la respuesta fue negativa:
“Bajo la actual normativa de homologación de la Unión, una prohibición completa de la comercialización, importación y matriculación de coches nuevos de gasolina y diésel en un Estado miembro no es compatible con la ley de la Unión Europea (UE)”. – Elzbieta Bienkowska
En consecuencia, por mucho que el Gobierno de España, sea quien sea que lo presida, pretenda que los españoles abandonemos los vehículos de gasóleo, no podrá ser mediante esa vía. Lo que sí se puede hacer es tomar medidas para reducir la contaminación en núcleos urbanos -actualmente si superan los 100.000 habitantes- y limitar la circulación, o prohibirla, según el distintivo ambiental de la DGT.
Las ventas de vehículos a gasóleo a particulares están en mínimos de siglo y hemos vuelto a la situación de hace 20 años: se compra un diésel quien realmente lo necesita, quien no tiene más remedio, o quien no se ha acojonado con tantos anuncios grandilocuentes como el de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, cuando dijo eso de que “los diésel tienen los días contados”. En realidad tiene razón, pero la cuestión no es el si pasará o no, sino el cuándo.
¿Tienes un diésel? Tranquilo, podrás seguir usándolo, salvo cuando haya episodios de alta contaminación y puede que tengas que dejarlo aparcado y usar otro medio de locomoción. A ese respecto, peso que te quitas de encima. Eso sí, puede que en 2025 no te dejen meterlo en un ferry para ir a visitar las Islas Baleares, aunque eso también está en el aire.
El bolsillo es la zona más sensible del cuerpo del ciudadano
Ahora bien, lo que sí se puede hacer es desincentivar su uso mediante vías impositivas. Por ejemplo, en algunos municipios de España tener a nuestro nombre un turismo con un motor de más de 3 litros (más de 20 CVf) no nos lo impide nadie, pero hay que pagar casi 200 euros cada año simplemente por tenerlo dado de alta, por el impuesto de vehículos de tracción mecánica (IVTM) o “numerito”. A largo plazo es una sangría.
En San Sebastián/Donosti la película cambia un poco, son casi 351 euros al año. Sí, puede tener usted un 4.0 V8, pero más vale que tenga una cuenta bancaria saneada. Los impuestos a la matriculación (solo se pagan una vez) van por tramos de CO2, los que más emiten pagan un 14,75 % de cuota, en un par de autonomías el 16,75 %. El impuesto anual (IVTM) todavía se basa en la cilindrada, un planteamiento totalmente obsoleto. Ya hay coches de 1 litro que pagan el tramo mínimo y que rinden 200 CV.
Cuando Podemos era solo Podemos, en julio de 2018, hizo unas propuestas muy ambiciosas en el II Foro del Clima, donde presentó su Proposición de Ley de Cambio Climático y Transición Energética en el Congreso de los Diputados. En ella se planteó reformar el IVTM para tener en cuenta la potencia, el peso (salvo las baterías de los eléctricos) y el nivel de emisiones.

Ese planteamiento del impuesto sería más justo que el actual. Los vehículos más potentes, más contaminantes y/o más pesados se verían especialmente afectados. A quien mantenga un todoterreno de gasolina como un Galloper Innovation 3.0 V6 se le van a cruzar los cables: 161 CV, unas 1,8 toneladas y homologado para Euro 2. ¡HORROR! En general, quien tenga un deportivo, un SUV, una berlina de alta gama… va a mentar a los muertos de los morados como eso llegue a materializarse.
Actualmente propuestas como esas las defiende una formación política bastante lejos de gobernar España, y que ni siquiera es capaz de ponerse de acuerdo con otro partido de izquierdas, el PSOE, para sacar adelante una legislatura, ya sea un gobierno de coalición, de cooperación o de coacción. Pero ahí queda el precedente sentado. Sin necesidad de prohibir nada, solo diciendo al ciudadano que si tiene cierto tipo de coche tendrá que pagar más. En otras palabras, “quien contamina, paga”.
En cuanto al repostaje, el castigo más a la vista para los que se decantaron por las mangueras negras será pagar 9 céntimos más por litro en el plazo de un lustro. Tragedia romana, desde la muerte de la madre de Bambi desde una perspectiva feminista vegana y ecológica no se ha conocido semejante tormento. Incluso así, si el que compra o mantiene un diésel sabe algo de matemáticas, le seguirá saliendo a cuenta.
Hemos llegado a una situación en que las matriculaciones de los diésel están un poco por debajo de donde deberían estar a nivel natural. Actualmente se venden los diésel más limpios que han existido, más que nada porque a los fabricantes les resulta ya muy difícil convencernos de que unas lonchas de chopped son como el jamón serrano de raza pura ibérica. En otras palabras, colarnos un diésel sucio como limpio está ya complicado con Euro 6d y la medición de emisiones en carretera (RDE).
Los diésel Euro 5 o anteriores, los que más contaminan, no se prohibirán, pero habrá que enfrentarse a restricciones circulatorias y probables cambios en la fiscalidad que les penalice. Ídem para los gasolina con más de 20 años
Eso sí, entre los anuncios grandilocuentes del PSOE y el miedo que metieron a los conductores en Madrid y Barcelona las “alcaldesas del cambio” (Manuela Carmena en Madrid y Ada Colau en Barcelona), cada vez más españoles se están decantando por versiones de gas natural, de GLP, híbridos y eléctricos. No hace falta ser rico para conducir un coche con esas tecnologías.
La izquierda lo tiene complicado para convertir a los españoles en noruegos a efectos de concienciación medioambiental y fanáticos de los coches eléctricos. Cuando el poder adquisitivo sea adecuado, igual nos lo planteamos. Forzar la maquinaria lo que va a conseguir es que solo una minoría use las tecnologías más limpias y que los que menos tienen sigan alargando sine die la vida de sus vehículos, aunque sea en condiciones lamentables e invitando a pinchos de tortilla a operarios de la ITV para que hagan la vista gorda.

Primero, que haya estabilidad política. Segundo, que haya una mayor certidumbre jurídica e impositiva, y después, hablamos. De todas formas, dejo un recordatorio envenenado al lector, y es que lo que la legislación comunitaria no permite ahora para 2030-2040 (no más nuevas matriculaciones ni importaciones) bien puede reformarse en un plazo de 10 años. De todas formas, eso puede no ser necesario.
Si ganan las derechas algún día, se pongan como se pongan, tendrán que pasar por el aro según Bruselas, el resto será teatro e impostación
En 2030 el 35 % de las matriculaciones tendrán que ser de vehículos de cero emisiones, y eso lo empezó a mover la propia Unión Europea. La presión para los fabricantes para reducir sus emisiones de CO2 en modelos nuevos es tan alta, que los motores gasolina y diésel dejarán de desarrollarse dentro de unos años. Algunos empecinados, como Mazda, intentarán llegar a la combustión cuántica para que los motores tradicionales se acerquen algo al 50 % de eficiencia, y el resto se dejará de historias y apostará por los eléctricos.
Cuando los eléctricos sean una realidad visible -y no audible- en la mayoría de las ciudades, recargar sea fácil, los viajes sean realizables en pocas paradas de media horita con recargas rápidas… más de uno se planteará si tiene sentido pagar cuatro a ocho veces más por hacer los mismos kilómetros usando zumo de dinosaurio. La transición hacia las energías alternativas vendrá sola, y sin que haga falta prohibir nada. Bastará con sacar la calculadora o hacer lo propio con el teléfono móvil. Así de sencillo. Y para eso no hace falta esperar, ya es así.
Javier Costas
Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes). Tras haber conducido más de 400 coches aquí sigo, divulgando y aprendiendo a partes iguales sobre las cuatro ruedas. Vosotros habéis hecho que se convierta en mi pasión.COMENTARIOS