Škoda Peaq: un SUV eléctrico de 4,87 metros, hasta siete plazas, 646 kilómetros de autonomía y un maletero récord de 935 litros

Škoda Peaq: un SUV eléctrico de 4,87 metros, hasta siete plazas, 646 kilómetros de autonomía y un maletero récord de 935 litros

La esencia Škoda, pero en formato "familia numerosa"


Tiempo de lectura: 10 min.

El SUV eléctrico más grande de Škoda no quiere parecer un coche de lujo. Quiere hacer algo más difícil: llevar hasta el extremo la vieja idea checa de que un automóvil debe ser útil antes que presumido. Con 935 litros de maletero, hasta siete plazas y más de 640 kilómetros de autonomía, el Peaq es el coche con el que Škoda deja de llamar a la puerta del segmento superior. La cuestión es si el tamaño, el precio y la tercera fila acompañan a la ambición.

Hay una manera sencilla de reconocer a un Škoda: abrir una puerta y encontrar algo que no esperabas. Un paraguas donde debería haber una explicación de mercadotecnia. Un hueco para el teléfono que no obliga a pelearse con el cable. Una papelera diminuta que, de pronto, parece imprescindible. La marca ha contruido durante años su personalidad alrededor de esos pequeños hallazgos. No son lujos; son argumentos.

El Peaq lleva esa filosofía a una escala considerable. Mide 4,87 metros, tiene una distancia entre ejes de casi tres metros y se presenta como el nuevo buque insignia eléctrico de Škoda. Es, además, el primer modelo de la marca en el segmento de los SUV grandes y el primer Škoda completamente eléctrico con posibilidad de siete plazas. No es simplemente un Enyaq estirado ni un Kodiaq al que le han quitado el motor de combustión. Es el coche con el que Škoda quiere demostrar que puede jugar en la parte alta del mercado sin cambiar de personalidad.

Un coche grande que no necesita gritar

La silueta es probablemente lo más interesante del Peaq. En un momento en el que muchos SUV grandes parecen diseñados a partir de una sucesión de ángulos y músculos digitales, el Škoda busca otra cosa. Su lenguaje Modern Solid emplea superficies tensas, una cintura elevada y pilares traseros anchos, pero el conjunto no resulta especialmente aparatoso. La impresión se acerca más a la de un familiar elevado que a la de un todoterreno cuadrado. Eso tiene mérito. La carrocería necesita alojar una batería de hasta 91 kWh, tres filas de asientos y un volumen de carga descomunal. Sin embargo, sus proporciones intentan disimular la masa. El coeficiente aerodinámico de 0,249, los tiradores enrasados —que tienen los días contados— y algunos elementos activos en la carrocería no están ahí solo para que el coche parezca moderno: ayudan a que un vehículo de este tamaño no convierta cada viaje en una discusión con el viento.

También hay una ruptura simbólica en el nombre. Después de los Elroq y Enyaq, el Peaq abandona la letra “E” inicial, aunque conserva la “Q” final. La pronunciación remite a la palabra inglesa peak, cumbre. Es un gesto algo obvio, incluso ligeramente corporativo, pero no deja de tener cierto sentido: Škoda nos dice que este es su punto más alto, al menos por ahora.

El récord que sí importa: maletero y modularidad

La cifra más importante del Peaq no está en la pantalla vertical de 13,6 pulgadas ni en el equipo de sonido Sonos de 16 altavoces. Está detrás del portón. En configuración de cinco plazas, el maletero cubica 935 litros de capacidad, el mayor que ha ofrecido Škoda hasta la fecha. A esa cifra se suman otros 37 litros bajo el capó delantero y más de 33 litros repartidos por el habitáculo. Es una cifra que conviene leer con algo de cuidado: Škoda la expresa como volumen líquido y la segunda fila debe adelantarse para alcanzar ese máximo. Aun así, la capacidad es extraordinaria. No es la típica promesa de un SUV familiar que solo funciona con el suelo de carga limpio y la familia fuera del coche. El Peaq nace para transportar objetos grandes, equipaje de siete personas o, sencillamente, todo aquello que una familia va acumulando cuando deja de viajar con una mochila por persona.

Con siete plazas ocupadas quedan 299 litros. Al plegar la tercera fila, el volumen asciende a 890 litros. Esa es la parte más honesta de la historia: el Peaq puede llevar a siete personas, pero no a siete personas con el equipaje de siete personas durante una semana. Para eso hace falta organizarse, utilizar el espacio delantero o asumir que la tercera fila se empleará de forma ocasional. La propia Škoda habla de siete adultos, pero las mediciones técnicas introducen una precisión importante. La segunda fila ofrece mucho espacio para la cabeza y se puede desplazar longitudinalmente 17 centímetros; la tercera, en cambio, es más razonable para niños. La banqueta queda baja, obliga a llevar las rodillas elevadas y el pilar trasero limita la visibilidad. Es el tipo de compromiso que no aparece en una fotografía de presentación, pero que decide si un coche familiar funciona un martes por la mañana.

Skoda Peaq (2)

No tener que pensar demasiado, ese es el verdadero lujo

El interior del Peaq no intenta competir con un salón de alta gama mediante madera brillante o piel por todas partes. Su ambición es menos teatral. Hay una pantalla central colocada en vertical, un cuadro digital de 10,25 pulgadas y una arquitectura más limpia que en otros modelos de la marca. Pero lo importante sigue estando en los bordes: la consola, los respaldos, las puertas, el espacio entre los asientos. El catálogo de soluciones prácticas incluye un limpiador para el cable de carga, un soporte para tableta, un paraguas, una papelera y una mesa plegable integrada en la consola central si se encarga el paquete Relax. Son detalles que podrían parecer menores en un coche de 50.000 euros largos. En realidad, son los elementos que permiten que el Peaq mantenga la personalidad y la esencia de un Škoda cuando la marca empieza a hablar de salón sobre ruedas.

Los problemas aparecen cuando el lenguaje del confort se separa demasiado de la vida real. El paquete Relax añade masaje, reposapiernas, cojines, ventilación en determinados acabados, una aplicación de bienestar y el equipo Sonos. Todo suena bien, aunque también plantea una pregunta: ¿cuántas personas necesitan convertir el asiento delantero en una butaca de primera clase mientras los pasajeros de la tercera fila viajan encogidos detrás? El Peaq es más convincente cuando entiende el confort como espacio, silencio y facilidad de uso que cuando intenta venderlo como una experiencia de balneario. Un coche familiar no necesita prometer seis modos de bienestar. Necesita que nadie se golpee con el equipaje, que los niños tengan dónde dejar la tableta y que el conductor pueda ajustar la temperatura sin entrar en un menú escondido.

Una batería enorme para un coche que también quiere viajar

La gama se articula alrededor de tres versiones. El Peaq 60 utiliza una batería de 63 kWh brutos, entrega 150 kW y supera los 450 kilómetros de autonomía homologada. El Peaq 90 monta la batería de 91 kWh, tiene 210 kW y supera los 640 kilómetros. El 90x conserva esa batería, añade un segundo motor y tracción total, entrega 220 kW y supera los 610 kilómetros. La carga rápida del 10 al 80 % puede completarse en unos 27 o 28 minutos, según la versión.

En España, las primeras informaciones apuntan a la llegada de los Peaq 90 y 90x, con potencias comunicadas de 286 y 299 caballos. La autonomía homologada del Peaq 90 alcanza los 646 kilómetros en ciclo oficial. Son cifras suficientes para que el Peaq no parezca condenado a la ciudad y sus alrededores, aunque la autonomía real de un SUV de 2.415 kilos de peso, con frío, carga y autopista, será otra conversación. El 90x puede hacer el cero a 100 kilómetros por hora en menos de siete segundos, pero un coche familiar de este tamaño no necesita demostrar que sabe salir disparado. Más útil resulta la carga bidireccional: puede alimentar dispositivos externos y, con el cargador adecuado, suministrar energía a una vivienda. Es una función todavía condicionada por la infraestructura, pero convierte al coche en algo más que una herramienta para desplazarse de un lado a otro.

También hay una decisión técnica que dice mucho del momento actual: frenos traseros de tambor, apoyados por la regeneración. Škoda afirma que en el modo de un pedal la recuperación cubre más del 95 % de las necesidades de frenado en uso normal. Es una solución eficiente y de bajo mantenimiento, pero no necesariamente correcta y, para muchos, totalmente insuficiente para un coche de su tamaño. Durante las primeras tomas de contacto, el Peaq ha sido valorado como un coche equilibrado y fácil de conducir pese a su tamaño. La suspensión controla bien los movimientos de la carrocería y la dirección tiene buen tacto. El contrapunto es el pedal de freno: su respuesta final exige más presión de la esperada y no siempre permite calcular con precisión el punto de detención, un síntoma que suele ser inherente a los híbridos y eléctricos, y por supuesto, que nadie dude de que la presencia de tambores atrás tiene algo que ver.

Skoda Peaq (3)

El Škoda más caro ya no puede esconderse detrás del precio

Škoda ha construido buena parte de su éxito sobre la sensación de comprar más coche del que se paga. El Peaq conserva mucho espacio y muchas soluciones inteligentes, pero su posición de buque insignia lo empuja hacia precios y rivales distintos. En algunos mercados parte por debajo de 50.000 euros; en España, las cifras varían según versión, equipamiento, financiación y descuentos. Eso significa que el Peaq ya no puede limitarse a ser el SUV sensato frente a las marcas rivales. Tiene que convencer por su propia calidad. Frente a un Kia EV9, un Hyundai Ioniq 9 o un Peugeot E-5008, la baza checa es clara: maletero, soluciones prácticas, autonomía y una interfaz que no parece diseñada para castigar al usuario. Pero el comprador también mirará el refinamiento de rodadura, los materiales, el comportamiento de la tercera fila y la consistencia del sistema de freno.

Toma la vieja receta de Škoda —espacio, lógica, precio razonable y pequeñas ideas útiles— y la coloca en un SUV eléctrico grande, silencioso y técnicamente ambicioso. A veces se pasa de entusiasmo con la palabra salón. A veces la tercera fila recuerda que las siete plazas son una cuestión de compromiso. Y el precio obliga a exigirle más que a un Karoq o a un Octavia. Pero cuando se mira el conjunto, el Peaq entiende algo que muchas marcas parecen haber olvidado: la cultura del automóvil no vive solo de potencia, pantallas o logotipos. También vive de cómo se usa un coche cuando deja de ser nuevo. De si cabe la bicicleta. De si el paraguas está donde tiene que estar. De si una familia puede cargarlo todo sin jugar al Tetris. En ese sentido, el Peaq es muy Škoda. Solo que ahora lo es a lo grande.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.